“No te toques la cara”: seis situaciones en las que le digo a un paciente que no se inyecte ni se opere

Vivimos en una era donde la medicina estética dejó de ser un lujo para convertirse en parte de la rutina de muchas personas. Un retoque de labios antes de un viaje. Un poco de toxina antes de un evento. Un relleno para “verse menos cansado”. Una cirugía para “verse como en el filtro”. Todo parece inmediato, rápido, accesible.

Pero en el consultorio, muchas veces, mi respuesta sorprende: no, no te inyectes, no te operes, no te toques la cara.

Y no porque esté en contra de la medicina estética. Todo lo contrario: dediqué mi vida a formarme en cirugía plástica y medicina estética. Más de mis 600 profesionales alumnos de la UBA y todos mis pacientes saben muy bien que NO es NO.

Pero justamente porque conozco la especialidad, sé cuándo un tratamiento puede ayudar y cuándo puede arruinar.

La medicina estética bien indicada puede rejuvenecer, embellecer, armonizar, mejorar la autoestima y hasta cambiar la forma en la que una persona se vincula con su imagen.

Mal indicada, puede deformar rostros, alterar expresiones, acelerar el envejecimiento o generar una dependencia emocional peligrosa.

Aplicar rellenos si están mal indicados (cosa que sucede en mas del 80% de los casos), o agregados en exceso (más de la cantidad necesaria) en vez de generar una mejoría, agregan peso y aceleran el envejecimiento de los tejidos.

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La tecnología que promete tensar la piel y planos profundos mal aplicada, puede dar como resultado un rostro por demás adelgazado ya que atrofia la grasa subcutánea.

Un tratamiento de descenso de peso rápido, como es el uso de los análogos de GLP-1, si bien ofrece un descenso rápido de peso, también trae problemas aparejados como ser “Ozempic Face”, un rostro por demás adelgazado, flácido, envejecido debido a la disminución drástica de grasa subcutánea en el rostro y desnutrición asociada.

Podría seguir dando ejemplos, pero el problema no siempre es el procedimiento. Muchas veces, el problema es el momento, la expectativa o la motivación.

1. Cuando ya se ve bien, pero no lo ve

Hay pacientes hermosos que se sienten “horribles”. Se miran al espejo y encuentran defectos invisibles: una arruga que nadie nota, una asimetría mínima, una supuesta flacidez que no existe.

A veces estamos frente a una dismorfia corporal o frente a una percepción distorsionada alimentada por filtros, redes sociales y comparaciones irreales. En esos casos, agregar más producto no mejora el problema, lo empeora.

2. Cuando quieren copiar otra cara

“Quiero los labios de…”

“Quiero la mandíbula de…”

“Quiero verme como cuando uso este filtro.”

La belleza no se copia. Se interpreta. Cada rostro tiene una anatomía única, proporciones únicas y una identidad única. Copiar rasgos ajenos puede romper la armonía facial y llevar a resultados artificiales. La mejor medicina estética no transforma, refina.

3. Cuando buscan resolver un dolor emocional

Ya sea separaciones, duelo, infidelidad, crisis de edad, vacíos emocionales. A veces el paciente llega diciendo: “Necesito cambiarme la cara.” Y en realidad lo que necesita es sanar otra cosa. Ningún filler rellena una herida emocional. Ningún lifting cura una tristeza profunda. La cirugía no debería ser una respuesta impulsiva a una crisis.

4. Cuando el rostro ya está sobretratado

Hoy vemos una epidemia silenciosa: rostros sobrecorregidos, labios inflamados, pómulos exagerados, mandíbulas rígidas, frentes inmóviles, pacientes que consultan en múltiples centros, pequeñas cantidades repetidas.

“Solo un poquito más”. Y ese “poquito más” acumulado destruye naturalidad. A veces, el acto médico más responsable es decir: más, no.

5. Cuando llegan con falsas expectativas

Hay expectativas imposibles.

“Quiero verme 20 años más joven.”

“Quiero quedar igual que en esta foto de hace 30 años.”

“Quiero cambiar completamente.”

La cirugía mejora, no hace magia. Cuando la expectativa no es realista, la frustración está garantizada.

6. Cuando primero hay que mejorar la salud

Muchos buscan rejuvenecer la cara mientras envejecen biológicamente por dentro a causa de un mal descanso, tabaquismo, estrés crónico, inflamación, mala alimentación, pérdida muscular, deshidratación, alteraciones hormonales.

Siempre digo que la cara habla de la biología. Antes de tocar un rostro, muchas veces hay que mejorar sueño, nutrición, músculo, hormonas, inflamación y hábitos, porque la belleza más duradera empieza adentro.

Saber decir no también es cuidar

En medicina estética, no todo lo que puede hacerse debe hacerse. Decir “no” no es perder un paciente, es protegerlo. A veces el mejor tratamiento no es una jeringa, ni un láser, ni un quirófano.A veces el mejor tratamiento es una conversación honesta.

Y en una época obsesionada con corregirlo todo, quizás el acto más revolucionario sea este: mirarse al espejo y entender que no siempre hay que tocar.

*Fernando Felice es cirujano plástico y docente de la Universidad de Buenos Aires.

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