El peor Gran Hermano de todos

Si es cierto aquello de que las reglas están para romperse entonces no hablemos de formato, ni de reglamento, ni exageremos con la impostura vocal del dueño de casa buscando meter miedo si se rompe el aislamiento o se hace complot. Este Gran hermano (a las 22.30, por Telefe), el autodenominado Generación dorada vaya uno a saber por qué, es el peor de todos. Es el más flojo, el más desprolijo, y, más allá de la subjetividad de esta apreciación, objetivamente es el que más se aleja del ADN del formato. Pasa cualquier cosa a cada rato y todo porque sí. Los expulsados vuelven, los que abandonan vuelven y así. La puerta giratoria por la que entran y salen está en un loop, no para.

No está en discusión que es un show televisivo, pero tampoco debería estarlo que, por respeto al público, aunque sea, se cumpla con la premisa básica de la idea que John De Mol creó en 1999 en los Países Bajos (se estrenó el 16 de septiembre en la TV holandesa): encerrar a un grupo de personas por un determinado tiempo, sometidas a la convivencia obligada (obligada una vez que uno da el sí, pero nadie obliga a nadie a entrar), transitar el aislamiento y las dificultades de la diaria (un sólo baño para todos), todo bajo el seguimiento de las cámaras las 24 horas.

Y, a partir de esas condiciones, tratar de llegar a la final con el juego que uno quiera (ser picante o tibio) para alzarse con el premio mayor (dinero y una vivienda).

Cuando el formato se estrenó en la Argentina -marzo del 2001, edición que tuvo en el podio a Marcelo Corazza como ganador, a Tamara Paganini como subcampeona y a Gastón Trezeguet en el tercer puesto– el programa fue un imán de audiencia y de debate posterior en la TV, en las oficinas, en los cumpleaños. La mayoría de cualquier grupo social, formado por espectadores o no, sabía qué era GH y se hablaba más como un experimento que como un contenido televisivo más.

Sol es una participante picante que, evidentemente, rinde más adentro que afuera. Pero, entonces, ¿para qué la habían sacado?

Y la palabra “reality” presentaba en sociedad a la madre del género. Bueno, ahora se degeneró.

Pasaron los años, pasaron los gobiernos -como cantaba Enrique Pinti– y el formato, en la Argentina, se desformó, por más que Santiago del Moro -el conductor de las últimas cuatro ediciones- insista cono que “Esto, chicos, pasa en todas partes del mundo”. Esa frase quedó convertida en su muletilla cuando tiene que dar explicaciones por las curiosas (por decirlo de alguna manera) decisiones de la producción, muchas de ellas inexplicables, tanto para los participantes como para, especialmente, el público.

Por ejemplo: hace un mes, Sol (Solange Abraham), que había vuelto a la casa tras su intercambio de una semana con el GH de Telemundo para los Estados Unidos, fue expulsada sorpresivamente por el “Big” -como lo llaman los jugadores- sin tiempo de agarrar ninguna de sus pertenencias ni de hacer una despedida prolija con sus flamantes ex compañeros: te vas ya y punto. El paralelo con el fútbol sería una enérgica tarjeta roja inapelable. Y mientras giraba por la puerta del castigo (para los que se van sin que los televidentes los echen) desgranó un puñado de frases de despecho.

Esa escena fue implacable y se pensaba que Sol sólo tenía un camino de ida y que jamás se la volvería a ver por el canal. No sólo reapareció en los debates, sino que se dio el lujo de decir que no iba a participar del Repechaje. Y no participó (lo ganaron Yipio y Lola). Pero este domingo, mientras La Bomba Tucumana (que había entrado en reemplazo de La Maciel) dejaba el juego por decisión propia subida a un tercio de la puerta giratoria, por otro tercio aparecía… Sol. ¿No se había portado mal? La cara de fastidio de Andrea del Boca y de varios -porque no es de las más queridas- lo decía todo.

Andrea del Boca antes de su segunda salida por temas de salud. Volvió dos veces.

Pero, al mismo, tiempo, más allá de cómo caiga cada uno, no se entiende cómo son las reglas, en caso de que sigan existiendo.

La puerta entreabierta de la Generación Dorada

¿Y el aislamiento? Cada uno que fue entrando (que fueron casi 20, entre Repechaje, tanda de 9 nuevos, reemplazos y canilla libre de Golden Ticket, una suerte de papel dorado que oficia de privilegio caprichoso) llegó con un plus de información que, la comparta o no (varios la difunden y son advertidos o sancionados, como Lola, que tuvo que irse, o como Andrea del Boca que boqueó -valga la redundancia- pero sigue adentro) que hace diferencia. Eso sí sucede en otras partes del mundo, pero no con la frecuencia arrasadora que se está dando en esta edición.

Y, entre los efectos adversos de esa medida arbitraria de ‘te saco, te vuelvo a poner’ está en juego también el delicado tema del dinero: el público paga por cada voto (ni hablar de los votos turbo, que de un saque emite 40 sufragios, también pagos) para eliminar a determinado nominado y luego lo ve volver como si su plata no valiera. ¿Y la credibilidad?

Es todo muy poco serio: la voz solemne de Gran hermano asoma a cada rato para retarlos porque se quedan a escuchar los gritos “del afuera” (como se dicen la jerga del formato) y les reduce el presupuesto de la compra de comida como para hacerles sentir el rigor, el hambre y poner a prueba de su capacidad de supervivencia, pero a los diez minutos aparece un sponsor de hamburguesas y todos chochos con sus burguer y sus papas fritas.

Sobran los ejemplos para argumentar que esta temporada es la ‘menos Gran hermano’ de todas, con una casa que, lejos de vaciarse, parece llenarse cada vez más: el 23 de febrero se inauguró con 28 personas (pasó una vida hasta poder identificarlos), de a poco se fue vaciando (se fue Daniela, pero volvió, porque su padre había fallecido, se fue Divina Gloria por un tema de salud, se fue Andrea del Boca dos veces… y volvió dos veces y sigue, se fueron varios expulsados, otros por decisión propia, como La Maciel, y entraron muchos reemplazos) y un día entraron nueve nuevos, dos del Repechaje y dos con Golden Ticket, uno de ellos para el ex futbolista Brian Sarmiento, generador de contenido).

Cinzia, que había sido eliminado por el voto pago del público, recibió un Golden Ticket y volvió en lugar de sol, que se había ido, pero ahora volvió. ¿Un lío, verdad?

El curioso caso de Andrea del Boca

La actriz, ex heroína de telenovelas, fue la primera en traspasar el umbral en febrero y a los pocos días, en marzo, dejó la casa por un tema de hipertensión y de síntomas gastrointestinales, pero volvió. A los pocos días, ya en abril, la sacaron en ambulancia porque se había caído, le sangraba la boca y en medio de un ataque de nervios pedía por su madre. Una semanas después ingresó su hija, Anna, para llevarse su valija. Y hace poco… terminó reapareciendo Andrea. ¿Por qué? Porque sí.

Tan porque sí como el caso de Sol o el de Cinzia (la venezolana entró por uno de los tantos Golden Ticket), tan porque sí como muchas cosas que suceden en este programa (el otro día el “Big” retó a Nigro por no jugar, cuando en realidad el no jugar sería parte del juego) que será lo más visto -con un promedio que se mueve entre los 10 y los 12 puntos- pero que para ser “generación dorada” le falta brillo, entre muchas cosas que le faltan, como respetar el formato. Y, en parte, al público.

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