Qué es la gimnasia emocional y cómo entrenar lo que sentimos para vivir mejor

Cada médico que vamos, sea la especialidad que sea, nos recomienda que hagamos ejercicio físico para una mejor calidad de vida. Pero… ¿y nuestras emociones?
Gaby Hostnik, especialista y entrenadora en neurociencia aplicada e inteligencia emocional, sugiere la gimnasia emocional en su libro El futuro es lo que hacés hoy (Editorial Bruguera, de Penguin Random House).
“La gimnasia emocional consiste en el entrenamiento consciente de nuestras emociones, de nuestros pensamientos, de cómo nos vinculamos”, explica. Y agrega: “Así como quizás vamos al gimnasio o hacemos algún deporte y entrenamos el músculo, no fuimos educados para tener este entrenamiento, sino para reprimir, suprimir, huir de nuestras emociones”.
—¿Cómo logramos registrar nuestras emociones?
—Bueno, como esa educación no la tuvimos, es algo que estamos aprendiendo de adultos. Están las emociones básicas: alegría, miedo, tristeza, enojo, asco y sorpresa. Y otras que se van sumando. El diccionario emocional de la lengua española es muy rico. Hay cientos de emociones, pero como no tuvimos ese registro, ni siquiera tenemos vocabulario emocional.
—¿Cuáles serían por ejemplo?
—Y, no es lo mismo decir: “estoy alegre” que “tengo euforia”. Una cosa es la alegría y otra es esa alegría con intensidad, con una energía que te desborda. Entonces, primero es hacer esa pausa y preguntarnos qué emoción sentimos. La pista puede ser: “Bueno, ¿cómo está tu nivel de energía o tu nivel de motivación o de satisfacción?”.
—En el libro mencionás que también es clave mantener la atención porque ahí están nuestras emociones.
—Claro, porque donde vos ponés el foco de tu atención, ahí va tu energía. Donde va tu energía van tus emociones. Y donde van tus emociones, ahí está el resultado de tus acciones. El tema es que estamos como muy desconectados del cuerpo.
Comunicación con uno mismo y con otros
Hostnik plantea entonces la dificultad de la vida diaria actual. “Creo que estamos yendo cada vez más rápido y necesitamos espacios para recuperarnos. Rapidez sí, perfecto, pero también ralentizar. Tiempo para recuperarnos, porque nuestro sistema nervioso no está acostumbrado a esta rapidez que nos está exigiendo como si fuéramos atletas de alto rendimiento”.
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La especialista señala que, así como se habla de la sustentabilidad de los recursos naturales, también existe la sustentabilidad emocional. “Tenemos un tanque diario de energía que son nuestras emociones, pensamientos y sentimientos. Y las exigencias nos sacan mucha más energía de la que somos capaces de recuperar. Entonces, habría que pensar siempre: ‘Bueno, trabajo, me enfoco, pero también me recupero’. Podés ir a una hora al gimnasio y volvé caminando o tomate un café con vos 15 minutos, pero sin celular”.
—¿Serían espacios de introspección?
—Sí, o al menos de conexión y de pausa para entender qué necesitamos. Porque a veces necesitás de introspección, otras juntarte con alguien y charlar y contarle qué es lo que te está pasando. El vínculo es un factor neuroprotector del bienestar, o sea, somos seres profundamente sociales, gregarios y de encuentro. Más los argentinos.
—Darle importancia a la comunicación tanto interna como externa.
—Totalmente. De hecho, está estudiado que cuando hacés un acto de generosidad te impacta doblemente en tu bienestar que si hacés algo para vos mismo. Impactás la autoestima del otro y por añadidura te impacta en la tuya. Entonces, todo eso es salud emocional.
—¿Cómo nos damos cuenta de qué es lo que estamos necesitando en determinado momento?
—Mirá, la mitad de la inteligencia emocional es la inteligencia intrapersonal. Cuánto te conocés, te conquistás, te motivás y te inspirás a vos mismo. Entonces, el autoconocimiento -que parece como tan básico a veces o tan simple, tan trillado-, es la base también para poder tomar decisiones y decir: “Bueno, la verdad que sí me encantan las pausas, pero yo necesito esto en este momento”.
—¿Y si nos cuesta tomar decisiones?
—Un cerebro que está hiperestimulado, hiperconectado, hiperfragmentado, es incapaz de tomar decisiones complejas. Está demostrado que cuanto más estrés tenés, más tendés a meterte en las redes o a tirarte en un sillón. Lo ideal sería entonces salir a moverte porque cuando te movés te reenergizás y cambiás la química de tu cuerpo y de tu cerebro.
—¿La gimnasia emocional, por lo tanto, está totalmente conectada no solo con las emociones sino también con el cerebro?
—La gimnasia emocional está conectada con el cerebro y el cuerpo, que se influyen mutuamente. Hay autopistas del cerebro al cuerpo y del cuerpo al cerebro. De hecho, la mayor cantidad de evidencias en estos últimos años habla mucho de las neurociencias del cuerpo. De lo que podemos hacer con él para también gestionar esas emociones. Y, de hecho, el cuerpo es la mejor vía para gestionar las emociones porque, por ejemplo, con tu respiración podés calmar muchas veces la mente.
—Por último, ¿nos podrías dar algunos ejercicios para llevar a cabo esta gimnasia emocional?
—Como dijimos, una pausa para registrar cómo te sentís. Espacios de 15 minutos de hacer nada, sin estímulos, eso sería re importante. El hacer nada es un desafío. La pausa para conectar con los sentimientos. Registrar también el cuerpo porque muchas veces nos envía pistas y señales. Cuando registrás esta pausa, esta lentitud y esta atención con vos mismo, después tenés más herramientas para poder registrar a los demás.
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