La reflexión de María Zambrano, filósofa española: “Solo lo que no se ha podido dejar de querer, ni aun queriendo, nos pertenece”

María Zambrano fue una destacada filósofa y ensayista española, considerada una de las figuras más importantes del pensamiento en español del siglo XX.

Hija de maestros, nació el 22 de abril de 1904 en Málaga y desarrolló su obra alrededor de la “razón poética”, un concepto con el que buscó ampliar los límites del pensamiento racional con la emoción, la intuición y el sentir de la vida.

Su extensa obra, atravesada por el compromiso cívico y el pensamiento poético, no fue reconocida en España hasta el último cuarto del siglo XX, después de su exilio, que duró más de cuatro décadas.

En 1981, recibió el Premio Príncipe de Asturias y ocho años después se convirtió en la primera mujer en ganar el Premio Cervantes.

En 1950 publicó Hacia un saber sobre el alma, un libro que recopila ensayos escritos entre 1933 y 1944, en el que reflexiona sobre aquello que una persona puede intentar olvidar, pero que, pese a todo, no consigue dejar de querer.

María Zambrano: “Solo lo que no se ha podido dejar de querer, ni aun queriendo, nos pertenece”

La cita de Zambrano plantea que hay cosas, personas o deseos que podemos intentar dejar atrás, pero que, por alguna razón, siguen formando parte de nosotros.

Aunque hagamos el esfuerzo de olvidarlos o de convencernos de que ya no los queremos, si ese sentimiento permanece, es porque tiene un lugar profundo en nuestra vida.

Zambrano no habla de pertenencia en el sentido de posesión. Se refiere a aquello que permanece con nosotros incluso cuando intentamos desprendernos de ello. Así, aquello que no podemos dejar de querer puede mostrarnos qué es realmente importante para nosotros.

Esta forma de entender los sentimientos también está relacionada con su manera de hacer filosofía. Zambrano no pensaba que para comprender la vida alcanzara solamente con la razón.

También consideraba importantes las emociones, las experiencias y todo aquello que forma parte del mundo interior de cada persona. Esa mirada fue una de las bases de lo que llamó “razón poética”.

El amor fue uno de los temas sobre los que volvió en distintos momentos de su obra. En Dos fragmentos sobre el amor, por ejemplo, escribió: “El amor trasciende siempre, es el agente de toda trascendencia”. La frase puede leerse más allá del amor romántico y también en relación con una vida marcada por el compromiso político y social.

Zambrano participó activamente en el debate político y cultural de la España de la Segunda República y defendió la libertad y los valores democráticos. Con el comienzo de la Guerra Civil, su compromiso político se hizo todavía más fuerte.

En 1939, tras el final de la guerra, abandonó España y comenzó un largo exilio que la llevó por distintos países. Vivió en México, Cuba, Puerto Rico, Francia, Italia y Suiza, entre otros lugares. Durante esos años continuó escribiendo y desarrollando su pensamiento.

El exilio ocupó un lugar importante en su pensamiento. La distancia de su país, la soledad y la necesidad de construir una vida lejos de España fueron experiencias que atravesaron muchos sus escritos.

Zambrano volvió definitivamente a España en 1984, después de 45 años fuera del país. Murió cinco años después, el 6 de febrero de 1991, a los 86 años en Madrid. Para entonces, aquella filósofa que durante décadas había escrito desde el exilio se había convertido en una de las grandes figuras del pensamiento español del siglo XX.

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