Terapia para ser el DJ de tu propia playlist

Empecé terapia a los tres años. Venía de atravesar un exilio traumático y, aunque los recuerdos son difusos, hay una escena que nunca se borró: yo jugando con unos autitos en el consultorio de Isabel, mi primera psicóloga.

Pasaron entre otros Manuel, Fernando, terapia de grupo a los 12 años, y hoy Tamara quien me acompaña en el camino de entender la búsqueda de la calma (más que la felicidad a esta altura de mi vida). Que si tengo calma estoy un poco más cerca de la felicidad.

Soy un optimista empedernido a pesar de los pesares y escucho a menudo una frase que es el cementerio de las ilusiones y de la posibilidad de cambiar tengamos las décadas que tengamos: “Yo soy así” como una suerte de destino inapelable y de sentencia que nos condena.

Dijo Jean Paul Sartre. “Somos lo que hacemos con lo que hicieron de nosotros”.

Si estamos vivos hay cosas para revisar, aprender, reparar o modificar.

Hay una enorme diferencia entre aceptar quién soy y resignarme a ser siempre igual. Vivimos en una cultura que suele decirnos que, llegada cierta edad, “ya está”.

De ninguna manera. Las personas podemos transformarnos durante toda la vida, siempre que conservemos la curiosidad, la humildad y el coraje (sobre todo el coraje) para preguntarnos para qué hacemos lo que hacemos.

Con los años y la experiencia profesional entendí que muchas de nuestras reacciones, nuestra realidad y nuestro mapa de vida, no hablan del presente sino de viejas estrategias que alguna vez nos permitieron sobrevivir.

También nos hablan de aquellas heridas que no logramos sanar.

El problema es que aquello que nos protegió en nuestra infancia puede complicarnos la vida en la adultez.

Somos los DJ de nuestra playlist y tenemos la posibilidad (y la obligación diría) de “honrar la vida” agregando nuevos temas.

La edad adulta tiene una ventaja extraordinaria ya que empezamos a vivir con menos necesidad de demostrar al afuera. Y esa libertad no aparece por arte de magia. Se construye. Requiere aceptar que todavía tenemos puntos ciegos, que podemos pedir ayuda y que nadie termina de conocerse nunca porque vivimos en un devenir continuo.

Sigo yendo a terapia porque quiero seguir sumando para amar mejor, escuchar mejor y si voy a cometer errores al menos que sean nuevos.

Tal vez esa sea, para mí, la mejor definición de madurez. Porque mientras estemos vivos, siempre habrá algo de nosotros que intenta y merece caminar tras una utopía que nos permite precisamente no quedarnos quietos.

Tengo 60 años. Y si algo aprendí en todo este tiempo es que la vejez no comienza cuando aparecen las arrugas, sino cuando dejamos de cuestionarnos y soñar a través de los proyectos personales.

Pablo Picasso decía: “Lleva mucho tiempo llegar a ser joven”. Tengo una remera con esa frase porque es una filosofía de vida.

No se trata del calendario, sino de seguir aprendiendo, de sorprendernos, de cambiar de idea, de pedir perdón, de volver a empezar. Yo todavía lo estoy intentando. Y, sinceramente, espero no dejar de hacerlo nunca.

Mirar la vida con ojos de niño y experiencia de adulto. Esa, creo yo, es la fórmula.

Y vos, ¿qué canción vas a agregar a tu playlist?

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