EEUU vs China: el rol clave de los semiconductores en la carrera tecnológica
La potencia norteamericana mantiene, desde 2022, distintas restricciones al acceso de infraestructura clave por parte de empresas china. Ahora, en un nuevo auge de sus modelos, el gigante asiático responde con una mayor protección de sus diseños.

La llegada de la inteligencia artificial impulsó una nueva carrera tecnológica entre Estados Unidos y China, los dos jugadores de mayor peso en el desarrollo de estas herramientas. Sin embargo, el área de disputa entre ambas potencias ya no se limita a las capacidades de los modelos o sus costos, sino que se amplía a las fábricas, las máquinas necesarias para producir los chips más avanzados y, sobre todo, se libra en un frente menos visible, pero cada vez más estratégico: la protección de los diseños y del conocimiento que permite desarrollar semiconductores. En ese contexto, China actualizó la normativa que protege los diseños de disposición de circuitos integrados,
La nueva batalla se da luego de años de que Washington impusiera restricciones al acceso de software e infraestructura clave por parte de empresas chinas. Ahora, Pekín ahora busca blindar el valor de la propiedad intelectual generada dentro de sus fronteras, en un momento en que el mercado comienza a observar el crecimiento de compañías como Alibaba, DeepSeek, Moonshot y más.
La nueva medida del gobierno de Xi Jinping una reforma firmada por el primer ministro Li Qiang el pasado 23 de julio y posteriormente detallada por el Ministerio de Justicia y la Administración Nacional de Propiedad Intelectual. Las nuevas reglas entrarán en vigor el próximo 15 de octubre y apuntan a fortalecer el marco legal que resguarda una parte esencial del desarrollo de los semiconductores.
China mueve la ficha y busca blindar el diseño de sus chips
La reforma no se enfoca sobre el chip terminado, sino sobre el diseño interno que define cómo se distribuyen sus componentes. Ese trabajo de ingeniería constituye uno de los activos más valiosos de la industria y, en muchos casos, pertenece a empresas que diseñan los circuitos, pero no fabrican los chips.
Las nuevas disposiciones buscan dificultar que terceros copien esos diseños o intenten apropiarse de ellos mediante registros irregulares. Para ello, quienes soliciten la protección deberán demostrar que su desarrollo es original, presentar declaraciones que acrediten esa condición e identificar con precisión cuáles son los elementos creados por ellos.
El objetivo es elevar los estándares para obtener derechos sobre estos diseños y reducir las solicitudes consideradas débiles, dudosas o realizadas de mala fe. La actualización también endurece las consecuencias para quienes infrinjan esos derechos. Los daños podrán calcularse en función de las pérdidas sufridas por el titular o de las ganancias obtenidas por quien utilizó el diseño sin autorización. Además, los tribunales estarán habilitados para imponer daños punitivos en los casos más graves.
Al mismo tiempo, la reforma establece herramientas más claras para impugnar registros que no deberían haber sido concedidos.
Otro de los cambios apunta a facilitar el uso comercial de estos derechos. La normativa especifica cómo podrán licenciarse, transferirse o utilizarse como garantía, consolidando los diseños de circuitos integrados como activos que pueden formar parte de operaciones comerciales entre empresas.
Además, las organizaciones responsables de estos desarrollos deberán otorgar recompensas y una remuneración razonable al personal que haya participado en su creación.
La reforma no incorpora nuevos controles a la exportación ni representa una respuesta equivalente a las restricciones impuestas por Estados Unidos. En cambio, el foco está puesto en fortalecer la protección jurídica del conocimiento desarrollado por las compañías chinas.
Después de años de limitaciones estadounidenses al acceso a software avanzado de diseño y equipos de fabricación, Pekín busca consolidar un marco legal que preserve la tecnología creada dentro del país y reduzca el riesgo de apropiación por parte de terceros.




