El músico que nació para dirigir coros y en los últimos 50 años hizo cantar a miles de personas
Hace más de 50 años que repite el ritual. Se pone de frente a un grupo de personas, hace sonar las cuerdas de su guitarra para marcar el acorde inicial, levanta sus brazos o mueve su cabeza y la música empieza a sonar. Las voces se transforman en instrumentos, cantan las melodías que antes se repitieron en los ensayos y se suceden las canciones. Deben ser más de cien las obras que Hugo Castro “versionó y adaptó”. Y miles las personas a las que dirigió entre las más de 10 agrupaciones que creó.
Cumplió cinco décadas como director de coros. Empezó en Lugano 1 y 2, en la parroquia de Jesús Salvador, con el coro de niños que adoptó ese nombre, en 1975. Y sigue al frente de Yupaz, un grupo de 40 integrantes al que prefiere no describir como un coro, y que lo tiene como director desde hace 27 años.
Hace unos días, durante un concierto en la Legislatura de la Ciudad, el director de otro coro lo ubicó dentro del “grupo de locos” que le dieron una identidad nueva al canto coral. Fue en los 80, con el regreso de la Democracia, cuando la entonces Municipalidad de la Ciudad Buenos Aires creó la Coordinación General de Coros, el primer ente oficial que reunió a directores y sería el iniciador de un movimiento sin precedentes en la historia coral argentina. Y Castro fue uno de los elegidos para conformar ese primer equipo. El ya había comenzado en el 75, al frente de un coro en el que había niños que ahora son adultos y aún cantan con él.
“En los 80 ganamos las calles con canciones de autores argentinos y latinoamericanos”, recuerda, y menciona los encuentros en la avenida Santa Fe, Florida, Palermo, la Plaza San Martín o en escalinatas de iglesias de todos los barrios, y hasta multitudinarios encuentros con figuras como Marilina Ros. Daniel Toro o Nacha Guevara en el Luna Park. Sonaban folclore, rock, tango y otros géneros que Castro ya interpretaba con su coro de niños en los entre fines de los 70 y principios de los 80, aun en dictadura.
Luego formó parte del equipo operativo de los mega encuentros Buenos Aires Canta 84 y 85 en el Luna Park, el primer Seminario Latinoamericano de dirección coral y la canción popular, entre otros eventos inéditos hasta entonces en Latinoamérica.
Hugo Castro en su instituo de música de Villa Riachuelo. Por allí pasaron miles de personas que cantaron junto a él. FOTO: GUILLERMO RODRIGUEZ ADAMICon sus coros de niños (el de Jesús Salvador, luego convertido en el Coro Popular de Buenos Aires), interpretaba obras de Vivencia, Vox Dei, Alberto Cortez y Luis Alberto Spinetta. O de Víctor Heredia, León Gieco o Alejandro Lerner.
“Fuimos uno de los primeros coros mediáticos en los 70. Me llamaban de programas de radio y televisión. Estuvimos en el programas de Pinky, en especiales con Sergio Denis, Estela Raval en el primer programa en colores que emitió la entonces ATC. En La Misa de los Artistas, en Canal 9 y Canal 7. Hasta ese momento los coros de niños hacían música académica. Y aparecimos nosotros haciendo La Biblia, de Vox Dei, o más adelante, en los 80, cantando temas de Alberto Cortez”, recuerda.
Hugo Castro en su instituo de música de Villa Lugano, su barrio de siempre. Por allí pasaron miles de personas que cantaron junto a él. FOTO: GUILLERMO RODRIGUEZ ADAMI“Antes que pionero me siento aventurero y provocador”, dice el Maestro, y agrega: “Es que en ese momento se me ocurrió y me aventuré a hacerlo. Y resultó. Cumplí mis sueños y recorrí casi todo el país llevando el canto a escenarios no convencionales. Acá, en Buenos Aires, cantamos en el Parque Centenario, en el Rosedal y hasta en el Luna Park”. También en el Centro Cultural San Martín, y en tiempos más recientes en La Usina del Arte o el salón Dorado de la Legislatura porteña, en donde recibió un homenaje y una distinción cuando Yupaz celebró sus 25 años de existencia.
“Cantar en un coro no es solo afinar voces. Es una experiencia neurológica que sincroniza respiración, ritmo cardíaco, emoción y memoria. El cerebro cambia cuando alguien canta con otros. Se activan redes neuronales que no se encienden con ningún otro tipo de práctica musical individual”, dice un estudio reciente sobre neurociencias. “Ni más, ni menos. El vibrar juntos no sabe de nombres de personas. Es un estado emocional personal al servicio de una melodía transformadora. Para uno y para el que escucha”, suscribe Castro.
Hugo Castro al frente del coro de Jesús Salvador. Sentados en primera fila, El Flaco Spinetta. los integrantes de Vivencia y Willy Quiroga, de Vox Dei escuchan versiones de sus obras.Y explica: “Cada coro tiene un objetivo que va más allá de cantar. Yo concibo el coro como una escuela de humildad. Es una herramienta poderosa de transformación social. Se conjugan la fuerza del director y de los coreutas, más el repertorio en el que están las letras de nuestros poetas, más el disfrute. Todo eso se transfiere al público, que deja de ser receptor y se moviliza. Intentamos transformar desde la sensibilidad y eso nos lleva a una sociedad mejor y a un mundo mejor. Por eso, yo hablo de un mundo afinado. Afinado desde el corazón, desde lo sensible”. Y agrega: “Siempre sostuve que los coros deben ser integrados por valientes. Coreutas valientes. Directores valientes. Porque la humildad exige valentía, confianza en nosotros mismos, respeto hacia nosotros mismos y hacia los demás”.
Castro nunca se quedó quieto y es un referente en el mundo de los coros, un ámbito inmenso aunque con poca difusión, que cada semana se mueve en auditorios, iglesias y diversos espacios en los que se hacen “encuentros” de dos, tres o más agrupaciones. El Maestro es el fundador de la Red Coral Argentina. Esa promoción de “la animación sociocultural para el canto coral y comunitario” le valió importantes reconocimientos, entre los que se destacan los que le dio la Cámara de Diputados de la Nación por su aporte a la Cultura.
Hugo Castro al frente de Yupaz, la agrupación que dirige ahora, en el Salón Dorado de la Casa de la Cultura de la Ciudad. “Mi tierra en canciones”, “Memoria Coral-200 años de vida coral argentina y una aventura emocionante abordando la inteligencia emocional desde la música” son el testimonio hecho libro de 50 años una trayectoria que lo llevó por Uruguay, Venezuela, Costa Rica, México, Brasil y Paraguay para dar talleres y exposiciones. Y hasta tuvo la chance de ser el animador musical del encuentro del Papa Juan Pablo II con los trabajadores en el Mercado Central de Buenos Aires, durante una de las visitas del pontífice al país.
“Concibo el canto en movimiento, que la gente deje su postura pasiva para transformarse en protagonista. Es decir, que la gente pueda cantar, más allá de su voz, de su afinación. El canto tiene una trascendencia más allá de lo artístico”, dice en su escuela de música de Villa Riachuelo, a la que bautizó como Instituto Buenos Aires (IBA). Allí hay instrumentos por todos lados, pentagramas pintados en las paredes y fotos de artistas, como Charly García o Spinetta; las escaleras tienen peldaños blancos y negros, como si fueran pianos. El lugar respira música, la misma que es el motor de la vida de Hugo Castro, el hombre que nació para dirigir coros e hizo cantar miles de personas.
El hombre que hizo cantar a miles de personas. Hugo Castro hace 50 años qe dirige coros en la Ciudad. En una presentación reciente, con Yupaz, la agrupación que dirigie en la actualidad.
Con su agrupación actual, en una presentación reciente en la Usina del Arte.
Hugo Castro con uno de sus coros de niños en una de las emisiones de Argentinísima, con Julio Mahárbiz, por el entonces Canal 13
El hombre que hizo cantar a miles de personas. Hugo Castro hace 50 años qe dirige coros en la Ciudad.
El hombre que hizo cantar a miles de personas. Hugo Castro hace 50 años qe dirige coros en la Ciudad.
El hombre que hizo cantar a miles de personas. Hugo Castro hace 50 años qe dirige coros en la Ciudad. También fue, durante décadas, maestro de música en escuelas primarias y secundarias. 


