por qué ver este drama sobre el duelo y la vida después de la muerte

Una escena sirve de muestra para retratar al dolor como algo que no puede medirse, llevarse de igual modo en los huesos, ni compararse. Con el cadáver de su marido todavía tibio, Stacy (Michelle Pfeiffer) se enoja al ver a sus hijas discutir, volver a la trivialidad, a la insignificancia diaria. De eso parece querer hablarnos esencialmente The Madison (Paramount+): no hay balanzas para mensurar quién sufre más, quién habita mejor un duelo, o a quién dañó más la pérdida.

En la familia Clyburn un “veneno” invisible -la muerte del padre- se apodera de cada cuerpo de forma distinta. En algunos atraviesa el corazón hasta descuartizarlo, en otros lo endurece. La historia que después de la serie The First Lady marca el regreso de la eterna gatúbela de Hollywood intenta mostrarnos los dos caminos posibles luego de la tragedia: morimos con nuestros muertos o seguimos caminando con la pérdida impresa en la piel.

En principio podríamos pensar que es un drama lejano: bordea la vida de unos millonarios de Nueva York que poco tienen que ver con esta lado del mapa. Sin embargo, la descomunal cifra que maneja esta familia en su cuenta bancaria es un detalle. Lo central es la universalidad, lo que indefectiblemente le pasa a cualquiera: el duelo, el shock, el vacío existencial, la pérdida de amor a la vida cuando alguien tan cercano se muere.

Sin una realización jugada ni demasiadas maravillas en el guion, el producto se valora desde las actuaciones de primer nivel y los disparadores que propone. ¿Y si existe una dimensión del muerto que no llegamos a conocer durante su vida? ¿Y el si el ser con el que se duerme medio siglo es, en parte, un desconocido que revela claroscuros después de muerto?

Stacy Clyburn (Pfeiffer), recibe la noticia inesperada de un accidente después de que su marido (Preston, Kurt Russell) fuera a pasar unos días a su refugio de campo en Montana. Tendrá que viajar para decidir qué hacer con el cuerpo y en ese viaje a tierras áridas iniciará una travesía interna de culpa y revelaciones. Sus hijas, nietas y yerno la seguirán y compartirán el rancho. La convivencia hará colisionar los egos.

La trompada sufrida por Stacy viene acompañada por una cascada de datos que la viuda va descubriendo progresivamente. Los objetos de su cónyuge y su diario personal le muestran a un marido que escapaba a ese paisaje salvaje y se sentía poco acompañado.

En constantes flashback vemos a Preston disfrutar de la naturaleza, desconectar de la vida capitalista y pescar con mosca en el valle del río Madison (un claro homenaje a la película aquí rebautizada Nada es para siempre, A River Runs Through It, dirigida por Robert Redford, con Brad Pitt).

Conviene aclarar que no es una serie para quienes buscan acción permanente y escenas con golpe de efecto. Se trata más de un retrato sobre la dinámica familiar erosionada por el duelo y sobre el sentir de los personajes en base a eso. De a ratos las escenas se estancan y la narración se detiene para observar con belleza, por ejemplo, al hombre que pesca, o a la naturaleza. La fotografía, con sus luces doradas y mágicas, se agradece.

Creada por Taylor Sheridan (la misma autora de Yellowstone con Kevin Costner), esta serie que se había anunciado como una suerte de “spin-off” de Yellowstone (una costilla, un producto derivado de ese que adquiere propia independencia), no lo es. Tiene anuncio de segunda temporada y resplandece cuando se centra en la pareja Pfeiffer-Russell y no en los personajes de trazo grueso de hijas, nietas y yerno.

Una pata importante es el énfasis en el contraste hábitat natural-ciudad. Una vez que la protagonista pierde a su compañero y se siente “extranjera” en su propia casa, decide dejar la zona de confort y vivir sin las comodidades y los lujos a los que la tiene acostumbrada Nueva York. En los ojos de sus hijas, ese drástico cambio de vida es visto como una locura. El conflicto hace pie también en los desprendimientos de lugares y de viejas doctrinas

Pese a su pochoclo hollywoodense, The Madison vale la pena como mirada a la pérdida, a sus efectos demoledores y a su forma de despabilar a los que quedan. Confirma eso de que el tiempo no lo cura todo, sino que desplaza la herida a un lugar menos protagónico.

Drama Protagonistas: Michelle Pfeiffer y Kurt Russell Creación: Taylor Sheridan Dirección: Christina Alexandra Voros Emisión: 6 episodios disponibles en Paramount+.

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