Viaje al corazón del Bernasconi: cómo es la restauración del salón de actos en la escuela que se construyó como un palacio

El edificio que fue concebido como el “palacio de las escuelas públicas” continúa su proceso de restauración y puesta en valor. Más que una institución educativa, el Bernasconi es una auténtica usina de actividades; jardines de infantes, primarias, secundaria, natación, talleres, coro y museos. Más de cuatro mil personas pasan por sus entrañas cada día.

Escuela monumental -destinada a la educación de los hijos e hijas de las familias obreras de la zona sur de la Ciudad-, la elevación natural sobre la que se encuentra no hace más que realzar su estampa palaciega, ícono de Parque Patricios.

Como ocurrió en otras etapas de la obra, el desarrollo de los trabajos no interfiere en la dinámica escolar, todo se acomoda como un gran rompecabezas para que cada actividad ocurra sin interferencias.

En este momento, los trabajos se encuentran concentrados en el teatro y salón de actos de la escuela; el corazón simbólico de la institución. Además, el eje central en el que se articula todo el edificio. Hoy un gran andamio central ocupa la platea y un equipo trabaja en los revestimientos interiores, en la ornamentación y los cerramientos del salón.

Todas las butacas fueron removidas, identificadas y etiquetadas. Los laterales son de hierro, con un trabajo artesanal muy pintoresco; todo el conjunto será restaurado.

El salón de actos, desde el escenario. Diario La Prensa, 7 de abril de 1929. Foto gentileza Museo Bernasconi
La sala se encuentra ubicada en el corazón del edificio. En su origen, entraban hasta mil personas.  Foto Matias Martin Campaya
En el fondo, el escenario. Hacia los costados, el ingreso de luz llega desde los patios interiores del instituto. Foto Matias Martin Campaya

En medio de los trabajos, el equipo se encontró con un detalle curioso: el movimiento de la platea. “Originalmente el piso podía inclinarse. Esto permitía ver mejor el foso de la orquesta, en caso de que se hicieran actos que estuvieran centrados en lo musical. Con los años esto dejó de usarse y entonces el escenario se amplió sobre el foso”, explicó la arquitecta Sarina Lotitto de la empresa contratista HIT, jefa de obra.

En el revestimiento, y luego de realizar los trabajos de estatigrafía, encontraron dos capas de pintura, que fueron oscureciendo el color de las paredes del recinto: “Afortunadamente podemos decir “sólo” dos capas, porque en este tipo de obras suelen ser mucho más”, contó Lotitto. En los balcones de la sala, se montó un taller de ornamentos. Se toman los moldes y se producen en el lugar, para reemplazar a los que se encuentran deteriorados o ya en colapso.

Como indican las profesionales a cargo de la obra, existen una multiplicidad de materiales que complejizan el desafío de restauración: “Piedra, mármol, estucos, hierro, madera, incluso textiles. Por un lado, hallamos que el telón tiene una parte del original, el bambalinón (es la parte superior del telón, una tira de corte horizontal). Esta pieza va a ser totalmente restaurada. Pero otras partes, que no son originales y se colocaron muchos años después, serán reemplazadas. Como los cortinados laterales de los grandes ventanales del teatro, serán repuestos a nuevo”, explicó Laura Basterrechea, encargada del equipo de restauración.

Detalles de los laterales de las butacas, de hierro trabajado artisticamente. Foto Matias Martin Campaya
Taller de ornamentación, in situ. Foto: Matias Martin Campaya

Toda la puesta en valor del instituto está impulsada por el Ministerio de Educación porteño. Antes de llegar al salón de actos, la obra avanzó en la restauración de las fachadas y de los patios interiores -son dos, antiguamente la escuela estaba separada entre niños y niñas-, de la biblioteca y la sala de situación, un pequeño espacio en donde todos los meses se reunen las y los directivos de todas las instituciones que convergen bajo el techo del Bernasconi.

Menos patrimonial pero más utilitaria es la obra que sólo pueden ver quienes trabajan y estudian en el edificio: el comedor diario. Todo a nuevo, se encuentra ubicado en la terraza, debajo de las pérgolas originales. Hace muchos años las pérgolas quedaron sin uso y allí se montó el comedor. Los chicos acceden desde los ascensores ubicados en las torres y allí arriba todo es luz, aire y bullicio. “La parte más importante de la obra”, dice con orgullo Julio Ledesma, coordinador del Instituto Bernasconi.

Ledesma conoce cada rincón del edificio y siempre anda con algún proyecto nuevo en mente; ahora impulsa la puesta en valor de las obras de arte que tiene el Bernasconi, por eso lleva adelante gestiones con otras instituciones públicas para que aporten sus saberes. Además, todos los años se pone al frente de la organización de La Noche de los Museos, el evento que abre las puertas del edificio a toda la comunidad: “El año pasado hubo casi 2.900 personas que participaron de la visita guiada. Tuvimos que cerrar las puertas y quedó gente afuera. Para nosotros es un orgullo que todos puedan conocer este obra monumental”, le dijo Ledesma a Clarín.

En la misma sintonía, la ministra Mercedes Miguel afirmó: “El Bernasconi es un símbolo absoluto, un gigante de nuestra escuela pública que nos demuestra excelencia. Cuando decidimos invertir en un edificio con semejante valor patrimonial e histórico no pensamos solo en la infraestructura o en la puesta en valor de un sitio emblemático, sino que estamos poniendo al estudiante y a toda la comunidad educativa en el centro de nuestras prioridades”.

La puesta en valor de la Sala de Situación; aquí se reúnen todos los directivos de las instituciones que funcionan en el Bernasconi. Foto Matias Martin Campaya
"Vencer o morir por ella", bandera histórica en la Sala de Situación. Foto Matias Martin Campaya

La escuela-palacio

El edificio fue proyectado por el arquitecto Juan Waldorp. Se construyó entre 1921 y 1929 con dinero donado por Félix Fernando Bernasconi al Consejo Nacional de Educación.

Cuenta la historia que Bernasconi -hijo de un inmigrante suizo, empresario zapatero- fue muy preciso cuando legó parte de su fortuna: quiso para esta obra que fuera “un palacio para escuela, en estilo florentino”. Se hizo su palabra.

En 1905 redacta el testamento donde da ordenes precisas sobre lo que quería para esta escuela; en 1914 Bernasconi muere en Paris y se ejecuta el testamento. En 1921 se coloca la piedra fundamental de la escuela, que se inaugura en 1929. El dinero alcanzó para todo: la adquisición del predio, que era un casco de estancia que le pertenecía al padre del famoso Perito Moreno, y la construcción de este edificio de características monumentales.

La biblioteca del Instituto. Se puede visitar durante La Noche de los Museos. Foto: Matias Martin Campaya
Colección histórica, en la biblioteca. Foto: Matias Martin Campaya
Instituto Bernasconi. Biblioteca. Foto Archivo General de la Nación (AGN)

Y Waldorp proyectó a lo grande, no sólo el salón de actos y una biblioteca amplia y cómoda -hasta con pupitres para tableros técnicos-, sino que introdujo conceptos de vanguardia para mejorar la calidad de vida de los chicos y las chicas: los aventanamientos enormes, la iluminación natural en todo el edificio, ventilación cruzada. Todas estas condiciones en absolutamente todo el edificio. En aquellos años había una enfermedad mortal que combatir: la tuberculosis. Entre muchas otras condiciones, se necesitaban ambientes aireados.

El diseño del colegio incluyó dos piletas de natación -actualmente en pleno funcionamiento- consultorios médicos y odontológicos. Al año siguiente de la inauguración, la reconocida pedagoga Rosario Vera Peñaloza creo el primer Museo Argentino para la Escuela Primaria.

Por todo esto, los arquitectos Fabio Grementier y Claudia Shmidt, en su libro “Arquitectura, educación y patrimonio 1600-1975”, describen al Bernasconi como “pequeña utopía urbana”.

"San Martín en Boulogne Sur Mer", del artista plástico Antonio Alice. En el ingreso principal del colegio. Foto: Matias Martin Campaya
Ingreso principal. Foto: Matias Martin Campaya

“Se eligió un terreno en el que se preveía el asentamiento de una población de obreros, a cuyos hijos estaba destinado el edificio. Así, el Consejo Nacional de Educación desarrolló este programa de avanzada, que armonizaba la riqueza arquitectónica del conjunto monumental con la sobriedad que debía caracterizar a una escuela. Cuando se terminó, el Bernasconi produjo un impacto urbano notable. Elevó la calidad de las viviendas contemporáneas, convirtiéndolo finalmente en una pequeña utopía urbana”, describieron los investigadores.

Las tierras del Bernasconi eran originalmente un casco de estancia -El Edén-, propiedad de Francisco Facundo Moreno, padre del famoso Perito Moreno. Por este motivo en los jardines del instituto se encuentra el que está considerado el primer árbol histórico de Argentina, el “aguaribay del Perito Moreno”, plantado en 1872.

Más allá de que la construcción responde a una volumetría monumental, la implantación lo ayuda a destacar aún más su arquitectura. Se trata de una elevación natural. Eran tierras bañadas por el cauce del Riachuelo y se estima que tenía una elevación de 36 metros sobre el nivel 0.

Salón comedor, en la terraza del edificio. Allí convergen todos los alumnos, desde los diferentes jardines y escuelas que componen el ecosistema del Bernasconi. Foto Matias Martin Campaya
Instituto Bernasconi. Pérgolas. Foto Archivo General de la Nación (AGN)
Escaleras internas. Tiene cuatro plantas con cuatro torres en esquina. Foto Ariel Grinberg
Obras de 2024, en los patios interiores y fachadas del Bernasconi. Foto Ariel Grinberg
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