Un esquivo realismo mágico

Los elementos están ahí, prolijamente dispuestos, para articularse con personajes magnéticos y tramas interesantes. ¿Funciona? No mucho. Tal vez, lo que está roto no sea el procedimiento, sino esta lectora de este lado del mar, que, acunada con el realismo mágico latinoamericano, no es capaz de aceptar el pacto de lectura que proponen novelas contemporáneas escritas en España, que dialogan con aquel movimiento que proyectó el boom de los años 60.

Es el caso de la monumental La península de las casas vacías (Siruela), del joven andaluz David Uclés, que recurrió a la magia que atraviesa la vida cotidiana para dar cuenta de la Guerra Civil Española. “Empecé a leer Cien años de soledad cuando tenía 19 años y vi claro que quería hacer algo parecido“, le contó a Juan Cruz Ruiz en Clarín.

El libro tiene 700 páginas y desanda la historia de una única familia, los Arlodento, a la que la Guerra le hará lo que hacen todas las guerras. Lo que cuenta, entonces, no es tanto el qué, sino el cómo.

Diluvios que arrasan pueblos y obesidades femeninas, tiempos que se estiran por fuera de los relojes, amores debajo de un árbol en llamas. La novela lleva vendidos más de 450.000 ejemplares y a comienzos de este año acumulaba más de 36 ediciones. Y, sin embargo, si se lee desde este lado del Atlántico, algo no funciona del todo. Chirría. No termina de encajar. Tal vez sea esta lectora.

Algo parecido pasa con Punto de araña (Libros del Asteroide), el debut de la joven Nerea Pallares. Tiene todo para ser un libro imposible de soltar. La historia sigue a Ari, una muchacha que llega al pueblo marinero de Camariñas, en Galicia, donde los hombres salen al mar a pescar y las mujeres tejen (redes de pesca, pero también los conocidos encajes con sus bolillos).

Pallares toma esa artesanía prototípica de la zona para establecer un diálogo entre el tejido y el lenguaje. Hay personajes mitológicos, hay un gran cataclismo, hay feminismo, redes de solidaridad, el poder de la palabra para cambiar el mundo. Y, sin embargo, al leerla desde este lado del Atlántico, algo tampoco funciona del todo. “Debe ser una novela juvenil”, le dice una buena lectora a esta otra lectora. Desde aquí, lo parece.

No es un problema. Son libros españoles escritos desde España para lectores españoles. En todo caso, esta lectora no se encuentra en ellos porque hay un realismo mágico que habla del aquí. Y eso no tiene remedio.

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