Marcha del Orgullo 2026: el ataque a mujeres trans, uno de los principales reclamos de la multitud que marchó al Congreso

Desde avenida Belgrano, toda la calle Lima es una marea de gente. Hay carrozas, banderas, brillos y cuerpos que se despliegan de todos los colores. Este sábado se celebra la 35° Marcha del Orgullo, una convocatoria que volvió a reunir a miles de personas en el centro porteño, atravesada por dos temas que se hicieron sentir entre los manifestantes: los ataques a mujeres trans en los Bosques de Palermo y la controversia que generó la coincidencia de la movilización con la llegada del papa León XIV a la Argentina.

“Basta de transfobia” y “Que ser homofóbico vuelva a ser una vergüenza” son algunas de las consignas que se leen y se escuchan entre la multitud. La marcha comenzó a las 14 y este año tuvo un recorrido modificado: partió desde avenida Belgrano y Lima y no llegará hasta Plaza de Mayo sino al Congreso.

La realización de la movilización había estado en duda por la coincidencia con la llegada del Papa. El Gobierno porteño había planteado la posibilidad de postergarla por cuestiones vinculadas al operativo de seguridad. Finalmente, se acordó mantener la fecha del 7 de noviembre, aunque con modificaciones en el recorrido.

Pero entre las banderas y las carrozas también hubo lugar para otro reclamo que llegó con fuerza a esta edición: el ataque que sufrieron mujeres trans en los Bosques de Palermo durante la noche del domingo 1° de noviembre. Fue uno de los puntos centrales del duro documento que leyó la línea histórica en la 35° Marcha del Orgullo, que también apuntó al Gobierno nacional por promover discursos de odio y políticas de exclusión.

Un grupo de jóvenes, muchos de ellos en bicicleta, las agredió con palos, piedras y conos de tránsito. Según denunció María Rachid, presidenta de la Federación Argentina LGBT+, eran más de 100 personas y el ataque habría sido organizado. La Justicia inició una investigación de oficio y están buscando testigos.

Colores y reclamos, en la Marcha del Orgullo. Fotos Martín Bonetto

“Hoy vine con enojo por lo que pasó con las chicas trans, que es indignante. Es indignante porque no puedo creer que en el siglo XXI estemos pasando esto. Pleno 2026 estemos pasando esto”, dice Rosa (21), que llegó a la marcha junto a su hermano Uriel Blanco (23).

Los dos llevan sobre sus hombros una bandera del orgullo. Son hermanos, viven en Zárate y esta es la primera vez que Rosa acompaña a Uriel a la movilización porteña.

“Es horrible. Yo tengo un hermano gay y no me gustaría que le pase a él. Creo que todos tendrían que pensar eso. ¿Qué pasa si es mi hijo, si es mi hija? Lo que sea”, agrega Rosa.

Rosa y Uriel, dos hermanos que marchan juntos este sábado.

Uriel comparte la indignación. “Hoy vine con ese mismo pensamiento: por qué no se hace justicia por eso”, plantea.

La llegada del Papa también apareció en la conversación. Rosa cuenta que es católica y que solía ir a la iglesia, pero que eso no modifica su manera de acompañar a su hermano. “Soy católica, tengo un hermano gay y lo acompaño siempre. Me gusta que la gente sea feliz”, dice.

Uriel, en cambio, tiene otra postura: “Yo no creo en nada de la Iglesia, no creo en el Papa. Y no me gustó que quieran cambiar la fecha solo por eso. Hace un año venimos planificando este día”.

Los colores de la bandera LGBT, en un abanico que lleva una manifestante. Foto: Martín Bonetto
Una multitud participó de la marcha, que este año cambió de recorrido. Foto Federico López Claro

Así, entre banderas que cruzan la avenida, reclamos contra la discriminación y una multitud que avanza por el centro porteño, la 35° Marcha del Orgullo volvió a poner en la calle una discusión que excede la celebración: el derecho a vivir libremente la identidad y la orientación sexual, sin violencia ni discriminación.

Vestido completamente de blanco, con una túnica que remite a la indumentaria papal, y un cartel en la mano que dice “Todos, todas, todes”, José María Di Bello (58) se convirtió en una de las postales de esta marcha. Activista LGBT de larga data, en 2009 se casó con Alex Freyre y fueron la primera pareja gay en hacerlo en Latinoamérica, un año antes de la aprobación del matrimonio igualitario en nuestro país.

El activista José María Di Bello, con una vestimenta que remite a la visita papal. Foto EFE/ Adán González

Este sábado a la tarde, en sus dedos lleva un anillo con los colores de la diversidad y, colgado del cuello, un collar con el símbolo de la paz. “Me vine lookeado del Papa”, explica a Clarín. Su vestimenta no es casual: es una respuesta a la discusión que se generó por la coincidencia de la movilización con la llegada de León XIV a la Argentina.

La música y los shows acompañaron la marcha. Fotos Martín Bonetto
Una multitud participa de la marcha. Foto EFE/ Adán González

“Fue justamente la excusa que quisieron utilizar para correr la fecha, como queriendo decir que nosotros podemos ser desplazados, podemos ser llevados a los márgenes”, sostiene. Para Di Bello, cambiar el día de la marcha hubiera significado volver a relegar al colectivo. “Nosotros sostuvimos que podemos estar en el mismo espacio público, conviviendo, que ninguna identidad se tiene que correr para que haya otra identidad”, dice.

Sobre León XIV, cuenta que todavía mantiene cierta cautela, aunque destaca las referencias del Papa Francisco sobre la justicia social y a la construcción de sociedades más igualitarias. “Por ahí le pedimos unas expresiones un poco más fuertes respecto a nuestra comunidad, como sí las ha tenido Francisco en su momento”, agrega.

Las referencias religiosas por la visita del Papa no faltaron. Fotos Martín Bonetto
Manifestantes en la marcha, este sábado.
Foto: Martín Bonetto

Al lado de una de las carrozas, donde suena la música de María Becerra, que encargada de cerrar la marcha desde el escenario montado en el Congreso, está Agustín Romero (27). Su mirada sobre la movilización también está atravesada por la violencia contra la comunidad LGBT.

“Creemos que hoy nuestro colectivo está sufriendo una situación de violencia nunca antes vista. Aumentaron los ataques y los crímenes de odio desde el año pasado hasta este. Lo vimos con la cacería de las compañeras trans y travestis en los Bosques de Palermo. A mí, de hecho, me pegaron hace un mes y medio en Caballito”, cuenta.

Romero también cuestiona los discursos del Gobierno nacional, de la gestión porteña y de la Iglesia católica, aunque aclara que su crítica no está dirigida a quienes profesan una religión, sino a la institución. “Creemos que la Iglesia católica tiene un rol y una responsabilidad clave. Hay un común denominador entre estos sectores: atacar la ESI, el matrimonio igualitario y la Ley de Identidad de Género”, sostiene.

Matías Britos (37) llegó a la marcha para “celebrar la diversidad y los derechos conseguidos. Es un momento para recordar a las personas que ya no están y que lucharon por nosotros. Hoy es un día especial por todos los ataques transfóbicos que hay. Está bueno venir para cuestionar estos retrocesos”.

Sobre la llegada del Papa, tiene una postura diferente a la de otros manifestantes: “Me encantaría ir a verlo. La religión me parece buena, une personas. No hay un discurso de odio, sino de unificación. Está bueno que venga porque eleva la frecuencia de las personas con amor”.

Matías Britos (37) fue a la marcha vestido como homenaje a "los ángeles que me acompañaron" a salir de un cáncer.

Su vestimenta también tiene un significado personal. Después de atravesar un cáncer agresivo y recuperarse, decidió venir a la marcha vestido en homenaje a los ángeles que, según cuenta, lo acompañaron durante la enfermedad.

El documento de los organizadores

El documento que leyó la línea histórica en la 35° Marcha del Orgullo concentró buena parte de sus cuestionamientos en el gobierno de Javier Milei. El texto denuncia un escenario de retroceso en materia de derechos y responsabiliza al oficialismo por promover discursos de odio y políticas de exclusión.

Entre las principales críticas, señala el cierre del INADI, los recortes por decreto a la Ley de Identidad de Género y los despidos de trabajadoras travestis y trans que habían ingresado a través del cupo laboral. “Sabemos muy bien quién nos gobierna: un gobierno que cerró el INADI, que recorta por decreto la Ley de Identidad de Género, que desde Davos asoció a nuestras familias con la pedofilia y que despide a las compañeras del cupo”, sostuvieron los organizadores.

El reclamo contra el Gobierno nacional, también en los carteles. Fotos Martín Bonetto
"Marchar o morir", el lema escrito en el pecho de uno de los manifestantes. Fotos Martín Bonetto

La actualidad del ataque a mujeres trans en también estuvo presente en el discurso: “Y decimos ¡el odio al carajo! Porque el odio solo deja muerte, pobreza y destrucción. El odio que se dice desde un atril presidencial baja a la calle y termina en un fuego en una pensión de Barracas o en el ataque a nuestras compañeras travestis y trans en los Bosques de Palermo hace apenas unos días. ¡Justicia para las compañeras de Palermo! ¡Basta de transodio!”.

El pronunciamiento también puso el foco en las condiciones materiales de vida de la comunidad. Según las cifras que presentaron, una de cada cinco personas abandonó un tratamiento médico por no poder pagarlo y una de cada tres se endeudó para cubrir gastos básicos. Además, advierte que siete de cada diez personas LGBTI+ sufren miedo, autocensura u obligación de ocultar su identidad en el ámbito laboral. “Comer no es un lujo y la salud no se mendiga: se garantiza”, sostuvieron.

Entre los reclamos concretos también figura una reparación histórica para las travestis y trans adultas mayores, con una pensión, acceso a la salud y vivienda digna, y una ley que prohíba las llamadas “terapias de conversión”.

El cierre del documento convocó a construir una alternativa democrática junto a trabajadores, universidades, sectores de la cultura, movimientos sociales y feminismos. “No nos rendimos. No tenemos miedo. No negociamos. 35 marchas después, ya no pedimos permiso para existir”, concluyó.

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