Cambio climático: el impacto de “El Niño”, separar la basura y océanos más limpios, los objetivos en la previa de la cumbre mundial

Cuando se cumplen diez años del “Acuerdo de París” -en el que la mayoría de los países se comprometieron a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero-, Naciones Unidas publicó un informe lapidario sobre el cambio climático. Concluyó que el mundo fracasó en su objetivo de limitar el calentamiento global.

A este panorama se sumaron las declaraciones del presidente del organismo, António Guterres, sobre el fenómeno de “El Niño”: “Está cobrando dimensiones gigantescas ante nuestros ojos. El planeta se adentra en aguas desconocidas y esas aguas se están calentando”.

En este contexto, Turquía se prepara para recibir en noviembre la COP31, la reunión anual de la ONU sobre Cambio Climático. En esta edición se renueva el objetivo de que las políticas medioambientales pasen de los anuncios a los hechos y que el financiamiento económico necesario para sostener la transición hacia el uso de las energías renovables se concrete. Pasar de lo que se dice a lo que se hace.

“El “Acuerdo de París” trazó un rumbo común para el mundo. La pregunta ahora es: ¿qué tan rápido podemos poner en práctica las decisiones que hemos tomado? La gente quiere ver cómo las frases pronunciadas en las salas de conferencias se reflejan en sus ciudades, sus trabajos, sus mesas y sus futuros”, apuntó el ministro de Medio Ambiente, Urbanismo y Cambio Climático turco, Murat Kurum.

Anticipando este debate, Clarín estuvo presente en Trabzon, una ciudad junto al Mar Negro, muy al este de Estambul. En una cumbre de alto nivel, de la que participaron autoridades turcas, de Naciones Unidas y de otros países y organismos internacionales. El foco estuvo puesto en los mares y los océanos del mundo; cómo preservarlos del calentamiento global y cómo mantenerlos limpios.

Conferencia de prensa del ministro de Medio Ambiente, Urbanismo y Cambio Climático turno, Murat Kurum. Foto Clarín

La ciudad sede del encuentro aportó un contexto gráfico sobre lo que implica el cambio climático aquí: contaminación, aumento de la temperatura y el nivel de las aguas del Mar Negro, y modificación de las praderas de pastos marinos (y el impacto que genera en 180 especies de peces, mamíferos, moluscos y microorganismos).

Además de ser reconocido por conservar en su lecho barcos romanos, griegos y otomanos desde hace miles de años -al no haber oxígeno ni organismos vivos, como los gusanos de la madera, los materiales orgánicos no se pudren-, una parte de la economía del país se recuesta sobre su ribera. Se estima que entre el 60 y el 70% de la oferta mundial de avellanas se producen aquí. Mientras que el 90% del té que se consume en el país es originario de esta región. En 2020 además se halló un yacimiento de gas que se encuentra en plena producción y cuya exploración y expansión continúa.

Seagrass en el Mar Negro. Turquía será el escenario de la cumble global del cambio climático.

Sumado a todo esto, Turquía tiene el manejo de dos estrechos -Bósforo y Dardanelos- que conectan tres mares -Negro, Mármara y Egeo- por los que pasan 80.000 buques por año. Para Ucrania, Georgia, Bulgaria y Rumania, son rutas marítimas fundamentales; incluso para el sur de Rusia. Es decir que el impacto económico y estratégico deja una huella ambiental decisiva en las aguas que rodean a este país.

Y en estos últimos días se dio un episodio inédito, también en las aguas del Mar Negro, cuando Ucrania y Rusia llevaron su guerra a un enfrentamiento con embarcaciones no tripuladas; moviendo así el conflicto de tierra y aire, al mar.

En el debate que se llevó a cabo en Trabzon se llamó al consenso, al diálogo y a la acción; entre otras cosas, se acordó hacer un llamado a una “mayor movilización de recursos económicos”. Esto es, que también se tengan en cuenta instrumentos financieros e incluso subvenciones. Todo lo que permita acelerar la acción en los océanos y los mares. La apuesta es llevar a la COP31 esta problemática como eje central.

Además, se aprobó el lanzamiento de una “Plataforma de Acción contra los Residuos Marinos”, que busca integrar las acciones -pocas o muchas- que llevan adelante los países. Cada cual con su política, finalmente esas acciones quedan aisladas y sin financiación para crecer. Con la creación de esta plataforma se busca romper esta barrera y poner en funcionamiento una red de conocimiento, un inventario digital y generar un contacto entre proyectos, especialistas y posibles inversores de todo el mundo; fue el lanzamiento, no se sabe aún cuándo se pondrá en funcionamiento.

“Un residuo plástico que se mezcla con el mar desde las costas de África puede recorrer kilómetros junto con las corrientes y llegar a la costa de otro país. La contaminación que comienza con el plástico amenaza la pesca, el turismo, la seguridad alimentaria y la salud humana en otra geografía. Porque la naturaleza no tiene fronteras. Los mares no tienen pasaporte. Los océanos no tienen aduana. Por esta razón, el mensaje que daremos al mundo desde Trabzon es muy claro. No podemos proteger nuestro futuro común sin proteger juntos los mares”, remarcó el ministro.

Para dar contexto, los mares y océanos representan el 70% de la superficie del planeta, absorben cerca del 30% del dióxido de carbono producido por la actividad humana y generan más del 50% del oxígeno del mundo.

Planta de incineración de residuos médicos e industriales, en las afueras de Ankara. Foto Clarín

Basura cero

En estas reuniones medioambientales y también camino a lo que será la COP31 en Antalya, Turquía alienta la consigna “basura cero” porque muestra como un avance lo realizado por el país en materia de manejo de residuos en general. De hecho, su programa obtuvo un reconocimiento por parte de ONU y sentó las bases para la declaración del Día Internacional de Cero Desechos, que se implementa desde 2023.

El programa Zero Waste fue creado en 2017 con el objetivo de reciclar el 60% de todos los residuos para 2035. Como en Argentina, la basura se entierra luego de su tratamiento. La gran diferencia es que en Turquía está permitida la incineración de los residuos médicos e industriales. Sólo en Ankara se procesan 5.000 toneladas diarias de basura, con una población de 5,9 millones de habitantes.

Según la información oficial del ministerio de Medio Ambiente, Urbanismo y Cambio Climático, en 2017 se reciclaba el 13% de la basura a nivel nacional; los números dieron un salto para 2023, con el 31%; y se espera que a fin de este año trepe al 37%.

En Ankara, los espacios públicos del centro de educación del programa Basura Cero. Foto Clarín

Si bien la separación en origen funciona en instituciones oficiales, escuelas y grandes corporaciones (en donde se entrega un certificado Zero Waste), no hay normativa; en cambio, apuestan a una campaña de conciencia y educación para cambiar los hábitos de la gente.

La COP31 y los debates que se vienen

La agenda de la próxima COP31 será ambiciosa: elevar la electrificación mundial del 20% al 35% del consumo final de energía en 2035; reducir, en al menos un 25%, la intensidad energética de los edificios; frenar el crecimiento de los residuos y aumentar el uso de los materiales reciclados en la industria. Y como se dijo, preservar los mares y los océanos del calentamiento global y promover “basura cero” en las aguas.

Murat Kurum, al frente de la conferencia sobre mares y oceanos. Foto Clarín
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