Aylen, la argentina que dejó su trabajo a los 38 años para viajar por el mundo: “Odiaba mi vida, pensé que era una locura, pero hoy vivo de lo que amo”

Durante años, Aylen Frontera tuvo una vida profesional estable. Se había recibido de abogada en la Universidad Nacional de Córdoba a los 23 años y ejerció durante 16 años. Sin embargo, había algo que nunca terminaba de encajar: no disfrutaba de su profesión y su verdadera pasión estaba en otro lugar, en viajar por el mundo.
La cordobesa, hoy de 41 años, siempre tuvo ese dese. Trabajaba y organizaba sus vacaciones para conocer nuevos destinos, aunque sentía que unas pocas semanas al año eran insuficientes para la vida que imaginaba. “Lo peor de todo es que yo odiaba mi trabajo, no me gustaba ser abogada. En mi mente era la única forma que existía para mí para poder viajar”, contó Aylen.
El punto de inflexión llegó a los 38 años. En ese momento conoció a Gonzalo, su actual pareja, quien trabaja en marketing y publicidad digital. Ese vínculo también despertó su curiosidad por un ámbito profesional completamente diferente al derecho.
Aylen empezó a hacer cursos y a formarse mientras todavía ejercía como abogada. El cambio no ocurrió de un día para otro: progresivamente dejó su antigua profesión y comenzó a especializarse en generación de contenidos para empresas y publicidad digital.
Con el tiempo consiguió trabajar como freelance para marcas cordobesas y nacionales. El nuevo esquema le permitió hacer aquello que durante años había parecido incompatible con su vida laboral: viajar durante meses sin dejar de trabajar.
Aylen, la argentina que dejó la abogacía y comenzó una nueva vida a los 38 años
La posibilidad de trabajar de manera remota terminó de transformar su rutina. Aylen y Gonzalo empezaron a organizar sus viajes alrededor de sus compromisos laborales y encontraron una fórmula que les permite combinar ambas cosas. En uno de sus últimos recorridos permanecieron tres meses en Europa.
La diferencia horaria con Argentina, lejos de convertirse en un inconveniente, les permitió aprovechar buena parte del día antes de empezar la jornada laboral. “Recorremos de 8 a 14 y a esa hora son las 9 de la mañana en Argentina”, explicó Aylen sobre la organización cotidiana que adoptaron durante el viaje. En apenas tres meses recorrió 14 países y actualmente acumula 44 países visitados.
Entre los destinos de su último itinerario aparecen Italia, Francia, Luxemburgo, Alemania, Eslovaquia, Hungría, Serbia, Bosnia y Herzegovina, Montenegro, Macedonia del Norte, Albania y Grecia. El cambio también implicó abandonar varias certezas. A los 41 años, Aylen reconoce que alguna vez había imaginado esa etapa de su vida de una manera completamente diferente.
“Yo me imaginaba a los 41 años con la vida resuelta y me encuentro empezando otra vez con un trabajo nuevo porque estoy explorando”, contó. Su estilo de vida implica pasar meses lejos de familiares, amigos y hábitos cotidianos, pero asegura que la decisión modificó completamente su bienestar. Viajar no solamente se convirtió en parte de su rutina.
También empezó a ocupar un espacio cada vez mayor en el contenido que Aylen comparte en redes sociales. En su perfil muestra ciudades y destinos desde una mirada que busca escapar de los circuitos turísticos más conocidos. Publica recomendaciones, consejos e historias de los lugares que visita y propone explorar sitios que suelen quedar fuera de los itinerarios tradicionales.
Por ahora, su actividad como creadora de contenido de viajes se mantiene separada de su principal fuente laboral, que es la generación de contenidos para marcas. Sin embargo, no descarta que sus propias redes puedan transformarse en una actividad profesional a futuro.
Su experiencia también modificó la manera en la que entiende los viajes. Aylen recomienda evitar visitar otros países buscando constantemente comparaciones con el lugar de origen. “Viajen como observadores, aprendan y saquen sus conclusiones a partir de lo bueno”, aconsejó. Para ella, conocer otra cultura supone aceptar sus diferencias antes que juzgarlas con parámetros propios.
Tres años después de comenzar aquella transformación profesional, asegura que la incertidumbre inicial dio paso a una forma de vida que nunca había imaginado posible.
“Mi forma de vida no es tradicional porque por meses me voy y dejo a mis amigos y a mi familia, y mis hábitos. Y la verdad que nunca fui tan feliz en mi vida”, sostuvo. Y dejó una reflexión para quienes piensan en cambiar de rumbo: “Ojalá que la gente se anime a hacer lo que realmente sueña, ama y quiere porque se puede y nunca es tarde”.



