Carlos Rottemberg y un esperado libro sin filtros: todo lo que no se ve de la industria teatral, las grandes figuras, los musicales y el recuerdo de Luis Brandoni
Carlos Rottemberg citó a Clarín al mediodía, en un restaurante italiano del que es habitué, en el que entra como si fuese su casa. Llegó con dos celulares en la mano y ninguno paraba de sonar. A un día de cerrar una exitosa temporada de Charlie y la fábrica de chocolates y a días de la presentación de su libro Pasen y Lean: 50 años de teatrista y algo más, su agenda hacía pensar que la entrevista sería apenas un alto entre compromiso y compromiso.
La cronista estaba convencida de que sería una charla apresurada, de respuestas cortas y al pie. Sin embargo, apenas se sentó a la mesa, pidió el almuerzo y se dispuso a hablar de lo que más lo apasiona. “A mí no hay nada que me guste más que hablar de teatro. Me prendés el micrófono y yo te hablo una hora del tema”, advirtió, dejando en evidencia que es un hombre de palabra.
Porque durante exactamente una hora -ni un minuto más, ni un minuto menos- Rottemberg analizó el auge de los musicales, explicó por qué sigue creyendo que las grandes figuras son indispensables para sostener el teatro comercial, cuestionó el verdadero poder de convocatoria de las redes sociales, recordó a amigos como Luis Brandoni y Guillermo Bredeston y contó las internas el libro con el que promete decir en voz alta lo mismo que durante años se habló a puertas cerradas en la oficina del empresario teatral.
-¿Por qué creés que hubo un auge tan grande de los musicales? Durante mucho tiempo parecían un género de nicho y ahora da la sensación de que a todos les gustan…
-No estoy tan seguro de que sea así. Los grandes convocantes dentro de la comedia siguen siendo Darín, Francella, Bossi, Suar o Peretti. Lo que pasó este año fue una oleada muy particular. Algo parecido ocurrió en Madrid entre 2023 y 2024. Creo que acá tuvo mucho que ver el récord histórico que consiguió La Sirenita el año pasado. Eso mueve toda la estantería. Pero también hay una realidad: para 2027 ya no está anunciada la misma cantidad de musicales que hubo este año. Hasta ahora Frozen es el único y estamos en agosto.
Carlos Rottemberg, un apasionado del teatro y de todo lo que gira a su alrededor. Foto: Guillermo Rodríguez Adami. -Con La Sirenita pasó algo particular: hicieron un casting abierto, eligieron a Albana Fuentes, que no era famosa, y terminó convirtiéndose en una figura de redes sociales. ¿Hay un cambio generacional en ese sentido?
-No. Yo creo que contra la televisión abierta todavía no hay nada. Es un tema que me preocupa muchísimo. Lo dije públicamente hace tiempo y lo sostengo. El teatro industrial -la avenida Corrientes, las plazas teatrales de verano, Mar del Plata- se alimentó durante setenta años de la televisión abierta. Antes estaban Porcel, Olmedo, Gasalla, Calabró, Juan Carlos Mesa… Grandes cabezas de compañía. Hoy eso ya no existe. Cuando uno analiza los grandes convocantes actuales, todos tuvieron un punto de inflexión en la televisión abierta. Suar explotó después de Poliladron. Nico Vázquez después del universo Cris Morena.
Un teatro que necesita figuras
-¿Entonces seguís creyendo que hoy sigue siendo indispensable una figura convocante para sostener una producción?
-En un país como el nuestro sí. Hay una diferencia enorme con lugares como Nueva York o Londres. Allá el turismo internacional alimenta permanentemente la cartelera. Acá no. Un amigo me llamó hace poco para decirme que no conseguía entradas para ver a Francella en “Desde el balcón” -quiso decir “Desde el jardín”-. No le importaba el nombre de la obra, le importaba el del protagonista. Recordaba que estaba Francella. Acá sí una figura se baja de una obra, muchas veces hay que suspender funciones porque la gente devuelve las entradas.
Carlos Rottemberg será productor de “Frozen”, en formato de comedia musical. Se estrenará en agosto de 2027. Foto: Guillermo Rodríguez Adami.-Pero también pasa que hoy hay actores muy reconocidos por series o plataformas. ¿No pueden ocupar ese lugar?
-Los invito a mirar cualquier afiche de una plataforma. Generalmente aparece el título, la imagen y el sello de la plataforma. Los nombres de los actores casi ni figuran. Los únicos que todavía pueden exigir que su nombre aparezca grande son los que construyeron su popularidad en la televisión abierta: Darín, Francella, Suar, Siciliani… Eso es lo que se perdió. Y no lo digo con alegría. Ojalá esté equivocado.
-¿Qué pensás cuando se critica que eligen a alguien conocido para un musical en vez de darle paso a artistas nuevos y quizás más talentosos?
-Voy a ser directo: yo quiero lo mismo que esas personas. Que con gente talentosa sola, hagamos girar la rueda. Sería la mejor fórmula, hasta por los costos. Si alguien piensa que lo puede hacer que se asocie, se arriesgue y lo ponga en marcha. Me encantaría no depender de las figuras, pero los productores teatrales en general tienen una relación de dependencia con la figura. La figura decide lo que hace, por algo es figura. Otra muy distinta es poner a un mediático sin talento. No estamos hablando de eso.
Carlos Rottemberg es especialmente crítico de los que llegan de las redes sociales al teatro. Foto: Guillermo Rodríguez Adami-Hoy también ocurre que alguien tiene millones de seguidores en redes sociales. ¿Eso alcanza para llenar un teatro?
-No. Cuando alguien viene y me dice: “Tiene tres millones de seguidores”, yo siempre hago la misma pregunta. ¿Por qué ese público va a pagar una entrada para verlo? Son dos cosas completamente distintas. Además, el teatro no es solamente convocar gente. Después hay que sostener una obra durante meses. Yo hablo de actores que preparaban una obra durante un año, ensayaban tres meses y hacían del teatro su vida. Hablo de Pepe Soriano, Luis Brandoni, Thelma Biral… De la gente que hizo grande el teatro argentino.
-¿Cómo imaginás entonces el futuro del teatro?
-Teatro va a haber siempre. Va a crecer muchísimo el teatro independiente. Lo que me preocupa es el teatro industrial. Yo hago una comparación con lo que pasó con la calle Lavalle. Cines sigue habiendo. Lo que desapareció fue la calle Lavalle como emblema. Esos 30 cines en cuatro cuadras. Para mí puede pasar algo parecido con Corrientes. Y no porque el teatro vaya a desaparecer. Sino porque sostener semejante estructura cada vez va a ser más difícil.
Un libro sin filtros
Carlos Rottemberg califica a su libro como “incómodo”. Foto: Guillermo Rodríguez Adami-Da la sensación de que el libro muestra mucho lo que normalmente se habla entre productores y no trasciende.
-El libro es incómodo. Porque es exactamente lo mismo que decimos en la oficina, a puertas cerradas. No guardé nada. Tengo casi 70 años. Después de más de 50 haciendo lo mismo, ¿qué voy a guardar? El libro tiene nombres y apellidos. Si no lo hacía, ¿para qué lo iba a escribir? ¿Para decirte que yo tengo pelo y que Mirtha Legrand es buena? Es una reunión a puertas cerradas. Habrá gente que esté de acuerdo y gente que no, como es la vida misma. Muchos me decían: “Cuando lo leo es como escucharte hablar”. Y claro… ¿Cómo querías que fuera distinto? Yo no soy escritor. Ahora tengo una ventaja: antes escribía con el teclado; ahora me grabo, me desgrabo y hablo. El libro es hablar.
-Una de las cosas que más me llamó la atención fue el prólogo de Luis Brandoni. ¿Ya estaba pensado desde el principio?
-Cuando empecé a escribir el libro pensé que el prólogo lo hiciera un periodista y no un actor, porque no quería que hubiera una relación laboral de por medio. Pensé en Laura Ventura. Ella hace muchos años que vive en España, conoce muy bien mi trabajo, me hizo muchas notas y ya no está trabajando acá. Me parecía la persona ideal, porque ya no me va a hacer una crítica de una obra. La llamé y enseguida me dijo que sí. En verano invité a Brandoni a la entrega de los Estrella de Mar. Al día siguiente, fiel a su estilo, me dice: “Pibe, ¿vos estás escribiendo un libro?”. Le digo que sí. Y me responde: “El prólogo lo hago yo”. No me preguntó. Me dijo: “El prólogo lo hago yo”. Entonces llamé a Laura y le pregunté si le molestaba compartir el prólogo. Me dijo: “Al contrario. Es un honor compartirlo con Beto”.
Carlos Rottemberg dice que el prólogo de su libro, que escribió Luis Brandoni, fue como un último regalo. Foto: Guillermo Rodríguez Adami-¿Cuándo fue todo esto?
-El viernes 3 de abril me llamó Beto por teléfono. Me dijo: “Pibe, te voy a leer el prólogo”. Y me lo leyó entero por teléfono. A mí me encantó. Después me preguntó a quién se lo tenía que mandar. Le di el contacto de la editorial y lo envió. ¿Quién iba a imaginar que una semana después iba a pasar el accidente en su casa? El prólogo está fechado el 3 de abril. El accidente fue el 11 y murió a las 12 de la noche en punto del lunes 20.
Cuando murió sentí que me había dejado el prólogo como último regalo. Después, cuando falleció, escribí una carta abierta durante la madrugada y le pedí a la editorial si todavía estaban a tiempo de abrir el libro para incorporarla. Me dijeron que sí. Entonces el libro empieza con el prólogo de Beto y casi al final también está esa carta.



