Mario Picazo, meteorólogo: “Con olas de calor cada vez más frecuentes y lluvias torrenciales más intensas, las cubiertas vegetales ofrecen una doble protección”

Las consecuencias del cambio climático se manifiestan con creciente intensidad en los entornos urbanos. Los episodios de temperaturas extremas en verano se han convertido en una constante a la que los expertos en meteorología urgen a acostumbrarse y adaptarse.
Esta alteración no se limita a la época estival, sino que se extiende al resto del año con anomalías térmicas y episodios de precipitaciones violentas. Ante este escenario, el reconocido meteorólogo Mario Picazo expone las claves de la arquitectura sostenible como vía de mitigación ambiental.
El especialista aborda en sus redes sociales una solución completamente sostenible. Se trata de las cubiertas vegetales o los tejados verdes como una herramienta clave en materia de urbanismo para adaptarse al cambio climático.
Picazo desvela las ventajas de este tipo de construcciones que van más allá de la estética urbana: “Con olas de calor cada vez más frecuentes y lluvias torrenciales más intensas, las cubiertas vegetales ofrecen una doble protección”, afirma el experto.
El meteorólogo detalla este doble impacto funcional: “Ayudan a mantener las ciudades más frescas y absorben parte del exceso de agua durante las tormentas”, señala. Es una herramienta eficaz que permite desarrollar núcleos urbanos más resilientes, saludables y sostenibles.
Este tipo de instalaciones aporta múltiples beneficios. De hecho, uno de los pocos inconvenientes que presentan es el coste inicial y la inversión. El resto son ventajas que tanto el meteorólogo como la propia Asociación Española de Cubiertas Verdes (ASESCUVE) subrayan.
Estos tejados reducen la cantidad de agua de las lluvias que llegan a las alcantarillas, reduciendo el riesgo de inundaciones. Asimismo, mejoran la calidad del aire en las zonas urbanas al filtrar la contaminación y fijar las partículas en suspensión a través de la vegetación.
Las zonas verdes embellecen el entorno urbanístico gracias a su impacto paisajístico. Por otro lado, fomentan la biodiversidad, actúan como aislante acústico absorbiendo el ruido urbano y protegen la propia estructura del inmueble. Como consecuencia, contribuyen al bienestar ciudadano y aumentan el valor patrimonial de la edificación.
El principal valor práctico de estas superficies estriba en el control térmico de los inmuebles. “En verano puede disminuir la temperatura de la cubierta entre 20 y 40 °C respecto a un tejado convencional, reduciendo la necesidad de aire acondicionado. En invierno también ayuda a conservar el calor interior”, expone Picazo.
De este modo, el sistema se traduce en un ahorro energético y en una minoración de las emisiones contaminantes, tanto en verano como en invierno. Al disminuir el consumo de la calefacción y del aire acondicionado, se reducen de forma paralela las emisiones asociadas a estos equipos.
A su vez, el meteorólogo y la propia ASESCUVE coinciden en destacar su capacidad para combatir el denominado efecto de isla de calor urbana. Mientras las superficies convencionales absorben y acumulan la radiación solar, las cubiertas ajardinadas disipan la energía térmica, reduciendo la temperatura ambiental en las ciudades.



