Tres días de espectáculos de danza contemporánea gratuitos en plena calle Corrientes

A partir de este jueves y a lo largo de tres días el Centro Cultural Rojas, que depende de la Universidad de Buenos Aires, desplegará un abanico de obras de danza contemporánea en el marco del Festival Rojas Danza, con entrada gratuita.
Este encuentro había tenido doce ediciones muy exitosas entre 2005 y 2017 y retomó aquella propuesta el año pasado. No es un festival en gran escala, pero el hecho de que más de cien propuestas hayan respondido a la convocatoria, de la cual el jurado eligió nueve obras, muestra la enorme vitalidad de la danza contemporánea local.
El coreógrafo Alejandro Cervera fue director del Festival en la etapa anterior y volvió a serlo desde 2025. Los aspectos más interesantes surgidos en una charla con Cervera son los siguientes: en qué anda hoy la creación de danza independiente y qué tendencias pueden verse en las muchas propuestas que llegaron al jurado conformado por Felicitas Luna, el coordinador de artes escénicas del Rojas Pablo Bontá y el propio Cervera.
“Una tendencia que viene apareciendo en la escena de la danza porteña es la de llevar a escena relaciones familiares; en el Festival está representada por Ringtone Lado A, en la que la coreógrafa Brenda Angiel bailará con su propia hija“.
Éste es un ejemplo concreto; pero otras tendencias, reconocibles en los proyectos que llegaron al Rojas, seleccionados finalmente o no, adhieren a otras tendencias o modas:
Un dato muy bueno es la cantidad de varones que participan. Dice Cervera: “Cuando yo estudiaba éramos muy pocos los que nos atrevíamos a decir que queríamos hacer de la danza nuestra profesión. En esto hubo un gran cambio: los varones han perdido el miedo a estudiar danza (…) Provienen en general de una formación de folclore y en un momento deciden tomar clases de tango o de otras técnicas de danza”.
Y también señala Cervera respecto de ciertas tendencias visibles: “Hay mucha presencia de la palabra… ocurre con frecuencia que en medio de una obra un bailarín tome un micrófono y hable. A mí, personalmente, es algo que me preocupa porque implica cierto debilitamiento de lo esencial de la danza, que es el movimiento, el ritmo, el espacio. Y, además, habitualmente son textos autorreferenciales, íntimos o confesionales. Es decir, el artista que habla de sí mismo”.
También apareció una obra con un tema original e interesante que llamó la atención del jurado y que se basa en un hecho de la realidad argentina: el caso del hundimiento del submarino Ara San Juan ocurrido en 2017. La obra, de Virginia Rossi, tiene como título Un mar incógnito. Esta pieza está incluida en la programación del Festival.
Y finalmente, agrega Cervera: “Mucho de lo que llegó como propuesta consiste -como se dice ahora- en reflexionar sobre ‘el hacer’. Y en este sentido me refiero a Simulacro I, otra consagración, de Francisca Barría Ampuero. Es una coreógrafa chilena que vive en Buenos Aires y que tiene un hermoso grupo de bailarines. En la obra está presente la palabra porque incluye comentarios sobre las diferentes versiones de La consagración de la primavera (la célebre partitura de Igor Stravinsky estrenada en 1913 con coreografía de Vaslav Nijinsky y que ha sido recreada por innumerables coreógrafos hasta el día de hoy). Pero al mismo tiempo esta obra está muy comprometida con la danza y con la música de Stravinsky”.
En cada jornada habrá tres obras distribuidas en tres espacios del Rojas: la sala Batato Barea, el espacio Cancha y el hall de entrada o la galería de exposición que están en la planta baja. En estos dos lugares se presentan piezas más bien performáticas. Explica Cervera: “Hay una creación de Laura Cuccheti -fue integrante del Ballet Contemporáneo del San Martín y tiene su propia compañía en La Plata-. Su título es Ausencia, transcurre en la planta baja y es muy colorida, algo no tan habitual en la danza contemporánea (se ríe) que a veces es un poco sombría”.
También menciona otra obra performática, esta vez de Patricio Suárez que tiene un título muy simpático: Yo estoy re tranqui.
-Alejandro, ¿a qué llamás exactamente una obra performática?
-Es una palabra que yo no usaría, pero Pablo Bontá, coordinador de artes escénicas del Rojas y quien me invitó como director del Festival, me la propuso. Le dije que lo que estábamos convocando eran obras en espacios no convencionales, pero con entidad de obras, y que el término performance designa algo muy diferente.
-Fue un fenómeno importante de los años ‘60 en Nueva York. Pero después se fue produciendo un corrimiento que a mí me preocupa porque empiezan a perderse las categorías esenciales de la danza. Yo les digo a los artistas que cuando se denominan a sí mismos “performers”, en vez de bailarines, o cuando los coreógrafos se presentan como “directores”, se colocan en una suerte de indefinición difícil de entender. Decirse sólo “director” le quita entidad a nuestro quehacer.
La programación se completa con Sí, de Manuela Hier; Cibernética, de Vicente Manzoni; “Fantasía bailable, de Silvina Grinberg con la Compañía de Danza de la UNA que dirige Roxana Grinstein y Mi opera prima, de Azul Berra.
Este jueves 6, viernes 7 y sábado 8 a las 20. Centro Rojas, Corrientes 2038. Entrada libre y gratuita.



