La invitación, o Te invito a mi fiestita (sexual) con Penélope Cruz

“Uno siempre debería estar enamorado. Esa es la razón por la que uno nunca debería casarse” es la cita de Oscar Wilde con la que Olivia Wilde elige abrir su película. La directora y coprotagonista en verdad se llama Olivia Jane Cockburn, y tomó del escritor y poeta irlandés su apellido artístico.
Pero La invitación no es una película sobre la monogamia, como bien saben quienes conocen la obra de teatro original del catalán Cesc Gay Los vecinos de arriba (aquí la protagonizó Diego Peretti) o la película que el mismo Cesc Gay dirigió en España (Sentimental, 2020) y en la que Griselda Siciliani hacía el personaje que ahora eligió Olivia Wilde.
Es el de Angela, quien lleva como puede su matrimonio con Joe (Seth Rogen), desgastado en distintas crisis, y que decide, sin avisarle a su marido, invitar a cenar esa noche en la que transcurre la película a otra pareja de vecinos.
Joe y Angela están discutiendo, porque si hay algo que él no tolera son los ruidos nocturnos, a la madrugada, que vienen desde el departamento vecino -gritos de orgasmos, presumiblemente femeninos- y si hay algo que no desea es recibirlos en su casa, cuando suena el timbre.
Son Piña (Penélope Cruz) y Hawk (Edward Norton), la pareja invitada por la que Angela compró una alfombra nueva para recibirlos y ella misma luce ropa de estreno.
Entre los primeros diálogos, que sirven para demostrar las personalidades de cada uno de los personajes y la calidad de sus relaciones, el frío se corta cuando el ruido de arriba, confiesan Piña y Hawk, proviene de sus fiestas sexuales.
Angela y Joe, que parece no tienen tanta actividad sexual como sus vecinos, no es que los miran con mala cara. Y cuando Piña y Hawk les pregunten si les interesaría hacer un cuarteto, tampoco.
Así, La invitación puede parecer una película atrevida, pero -se verá- lo es más en el plano sexual que en el de las relaciones humanas.
Obvio que las diferencias entre las parejas es lo que genera los choques que buscan la complicidad y la hilaridad del espectador, algo que a veces se logra y otras tantas, no.
El costado más paródico y de comedia soltada lo ofrece Seth Rogen, el comediante por naturaleza en el cuarteto protagónico. Olivia Wilde, como la neurótica avergonzada, tal vez se pase de revoluciones con sus gestos, mohínes y expresiones faciales, toda una rareza en intérpretes hollywoodenses sin sangre latina.
Porque, con todo, Penélope Cruz luce más discreta, y eso que su personaje es el más jugado sexualmente. Norton, por su parte, es más un convidado de piedra y su personaje es el que menos aporta a la comedia.
En su tercera película como directora -la anterior fue No te preocupes cariño (2022)-, Wilde vuelve a arriesgarse con una trama sobre crisis de parejas, pero aquí no le preocupa en absoluto disimular que lo que está haciendo tiene un formato eminentemente teatral, que necesitaba un “timing” distinto en la cadencia de los diálogos y los gags.
Necesitaba ese timing para que La invitación se sienta verdaderamente como eso: un convite a ver una comedia sexual, enredada y graciosa.
Comedia dramática. Estados Unidos, 2026. Título original: “The Invite”. 107’. De: Olivia Wilde. Con: Seth Rogen, Olivia Wilde, Penélope Cruz, Edward Norton. Salas: Cinemark Abasto y Caballito, Cinépolis Recoleta, Pilar y Luján, Showcase Belgrano y Quilmes.



