El arte de saber tirarse un pedo: la increíble historia de Le Pétomane, la estrella del Moulin Rouge

En la París de fines del siglo XIX se hablaba del espectacular ano de Joseph Pujol. Presumían que se alimentaba de porotos La Flatulencel. Artísticamente fue una celebridad conocida como Le Pétomane, algo así como el Flatulista.
Humorista irrepetible, el Jorge Corona de la época se hizo famoso por su habilidad de controlar los músculos de su abdomen y, siendo finos, expulsar el aire. Semejante emanación controlada de gases lograba melodías de instrumentos y hasta podía imitar sonidos como el del fagot. Los espectadores acudían preparados para una aventura sonora y olfativa.
Era a voluntad. En el escenario del Moulin Rouge realizó varios números famosos como, entre comillas, tocar Au clair de la lune con su flautín. La experiencia era inmersiva en todo sentido: Pujol pedía que se apagaran las luces del escenario para que el respetable pudiera imaginar mejor sin sentir náuseas.
Joseph Pujol, Le Pétomane se convirtió en una de las atracciones del music-hall parisino de la Belle Epoque. Así como lo leen. No era El fantasma de la Opera, pero en París llegó a tener un nivel de protagonismo de vodevil comparable al de Houdini.
Cuando actuaba en el Moulin Rouge se armaba una cola parecida a la de Los Beatles en The Cavern. Hacia fines de siglo XIX convocaba un público masivo. Su popularidad hizo que tuviera el cachet más alto del boliche. Los diarios hablaban de él. Toulouse-Lautrec, que hacía los carteles del club nocturno, debió haberse ocupado de él.
Pujol nació en Marsella, Francia, en 1857. Padres catalanes. Descubrió su extraña habilidad de niño y el chiste hizo las delicias de sus amigos. Dicen que su espectáculo podía incluir relámpagos, cañonazos, cacareo de gallinas y hasta himnos nacionales. ¡Esos son guiones!.
El asombro acústico llevó a un rey -Leopoldo III, de Bélgica– a viajar sólo para verlo. En 1887, a la gorra, comenzó con su numerito en las calles de Marsella. El boca a boca lo llevó primero a París y después al Moulin Rouge. Lo presentaban como “músico”.
Se convirtió en artista exclusivo del Moulin Rouge durante dos años, de 1892 a 1894, pero se fue por no respetar el contrato y actuar paralelamente en otros lados.
El tipo se pedorreaba bárbaro: hay un video en YouTube donde se lo ve poniendo su trasero sobre un amplificador del 1800. Las flatulencias de Pujol eran parte central de lo que se conocería como humor físico, esa clase de comedia que se ajusta a resbalones con cáscaras de banana, con Los Tres Chiflados y torpezas por el estilo.
Vestido con un esmoquin, Pujol preparaba cada número utilizando pocas palabras elegidas y variedad de gestos faciales. Luego, con impecable actitud, se inclinaba. Llegó a apagar una vela con su bostezo al revés.
Hay un libro sobre gases donde Pujol, obvio, aparece mencionado. Who Cut the Cheese? A Cultural History of the Fart (¿Quién se tiró el pedo? Una historia cultural del flato). Su autor, Jim Dawson, investiga en detalle el origen de la eliminación de gases acumulados en el aparato digestivo.
El libro tiene capítulos como “Datos sobre pedos que no son puro aire” o “Lo que el viento se llevó”, donde Le Pétomane, toda una celebridad, es tratado como “el ventrílocuo anal más famoso de la historia”.
Cuando estalló la Primera Guerra Mundial, por razones nunca estudiadas, el señor Pujol volvió a Marsella y se hizo panadero. Nunca más volvió a subir a un escenario.



