Marcelo Silva, hepatólogo: “Todos alguna vez en la vida deberían chequearse para hepatitis, tengan o no factores de riesgo”

Cuando la hepatitis da síntomas, significa que ha avanzado. Por eso, en el Día Mundial contra esta enfermedad, instan a detectarla a tiempo. Es decir, no esperar que aparezca, sino ir a buscarla.

La hepatitis es una enfermedad que provoca la inflamación del hígado, órgano central que cumple más de 500 funciones vitales al día.

Aunque hay muchos tipos diferentes de virus de la hepatitis, la B y C son las más preocupantes, responsables de más del 95% de las muertes relacionadas con la hepatitis virales, según indica la Organización Mundial de la Salud (OMS) en su ultimo Global Hepatitis Report.

Según datos de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), aunque la hepatitis C es curable, solo el 26% de los pacientes diagnosticados han accedido al tratamiento en América Latina y el Caribe. “Ocho de cada 10 personas que podrían haberse tratado aún no accedieron a una medicación capaz de curarlos en pocas semanas”, difundió la OMS, tomando en cuenta datos globales.

En tanto, solo el 21% de las personas con hepatitis B en la región han sido diagnosticadas, y apenas el 4,4% reciben tratamiento.

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“Estamos hablando de infecciones virales que tienen una prevención súper eficiente con vacuna, en el caso de la hepatitis B y la hepatitis A; y en el caso y la hepatitis C, tratamiento con antivirales que la curan, siendo una de las pocas enfermedades crónicas virales que se curan y que pueden evitar la progresión a la cirrosis, al cáncer y al trasplante”, dice a Clarín Marcelo SIlva, director de la Unidad de Investigación Clínica del Hospital Universitario Austral.

Disntintos tipos de hepatitis

Dede el Hospital de Clínicas llaman a reforzar los controles y, en línea con el lema de la OPS Hepatitis de la A a la E: lo que necesitas saber, dado que “la información salva vidas”; diferencian cada tipo.

Hepatitis A

El virus causante de este tipo de hepatitis es mayormente transmitido por vía fecal-oral a través de aguas y alimentos contaminados, así como también por vía sexual, indica Esteban González Ballerga, médico hepatólogo, Jefe de la División de Gastroenterología de esa institución.

Se estima que alrededor del 20% de la población es especialmente vulnerable a desarrollar formas graves de la enfermedad, por lo que la prevención sigue siendo fundamental. “A los 12 meses, todos deberían vacunarse”, explica.

Hepatitis B y C

En tanto, la B y C son transmitidas por contacto sanguíneo, sexual y vertical (madre-hijo). La hepatitis B constituye la octava causa de muerte en el mundo. “Si bien tiene baja circulación, es muy contagiosa y una vez que ingresa el virus es muy difícil de erradicar completamente y suele ser asintomático. Toda la población sexualmente activa y/o en estado fértil debería estar estudiada y vacunada contra el virus de la Hepatitis B”, explica González Ballerga.

Por otra parte, la hepatitis C es la primera causa de trasplante hepático por cirrosis y cáncer de hígado en Argentina.

hepatitis-C

“Al tratarse de una enfermedad asintomática, solemos ver a los pacientes cuando esta se encuentra avanzada, pero existen tratamientos simples y efectivos que llegan a una tasa de curación en el 95% de los casos”, indica González Ballerga.

Hepatitis E

La hepatitis E, en tanto, se transmite principalmente por vía fecal-oral, a través del consumo de agua o alimentos contaminados. En la mayoría de los casos provoca una infección aguda que se resuelve espontáneamente, aunque puede ser grave en embarazadas y en personas con el sistema inmunológico debilitado, informan desde el Hospital de Clínicas.

Un problema de salud pública

La OPS “hace un llamado urgente para derribar las barreras que impiden el acceso al diagnóstico y tratamiento, y acelerar el compromiso político para eliminar la hepatitis como problema de salud pública para el 2030″.

Silva, coincide: “Hay que poner manos a la obra. Con el desarrollo de la ciencia y las tecnologías, que nosotros estemos lejos de cumplir con los objetivos planteados a nivel global, es simplemente porque nos está faltando implementación de la tecnología, de la ciencia, no porque no tengamos acceso”.

Y explica que, a nivel local, no se trata de un problema de acceso a las vacunas o al tratamiento, sino que las fallas están en la “implementación sistemática”.

“Se podría evitar la mortalidad en una enorme cantidad de casos, se podrían evitar una enorme cantidad de trasplantes, incluso se podría ahorrar un costo en salud enorme, si simplemente se implementaran las guías de práctica clínica”, se lamenta.

Y prosigue: “Hablando de este país en particular, con un sistema de salud que es segmentado y fragmentado, lo que decide el Ministerio no siempre lo cumple el efector. Entonces es difícil que la orden baje a la acción concreta porque hay distintos eslabones que son los que la tienen que cumplimentar”.

Hepatitis: ir a buscarla

Silva también destaca la importancia de aprovechar instancias en las que el sistema de salud se topa con personas que no suelen acudir a las consultas.

“Hay una Ley de Hepatitis Virales [N. De la R: la 27.675] que adolece de un tema muy importante, y esta es una mirada personal, que tiene que ver con la imposibilidad de hacer educación en poblaciones como la laboral”, sostiene.

El esquema de vacunación para la Hepatits B se completa con 3 dosis. Foto Ilustración Adobe Stock.

Y añade: “Como parte del chequeo laboral, se podría hacer de la misma manera que se hace para el cáncer de colon, de próstata, para el colesterol, tratando de prevenir enfermedades. Ahí tenemos una oportunidad de realizar detección temprana de estos pacientes antes de que tengan una enfermedad avanzada”.

“Estamos perdiendo una oportunidad de oro para estudiar y hacer prevención en la población general. Ese es uno de los errores de implementación”, aduce.

Además, menciona la pérdida del rastreo en el sistema médico de pacientes que ya tienen un diagnóstico, pero que por distintas razones no tienen adherencia a la consulta, en muchos casos porque migran de un plan social al otro o de un sistema de seguridad al otro.

“Nosotros hemos hecho distintos tipos de trabajos en toda Latinoamérica, donde a aproximadamente un 25% de pacientes que ya fueron diagnosticados y no fueron tratados ni vacunados, se los puede rescatar para el tratamiento”, asegura.

“Están frente a nosotros, en los bancos de sangre, en las unidades de análisis, en las poblaciones de alto riesgo y tiene que haber una política más activa de vincular a esos pacientes que ya tienen un diagnóstico con el tratamiento y/ o la prevención”, puntualiza.

Más allá de los factores de riesgo

“A los pacientes hay que decirles: alguna vez en tu vida te tenés que chequear, tengas o no tengas factores de riesgo”, enfatiza Silva.

En la misma linea, Rubén Cantelmi, presidente de la Asociación Civil Buena Vida, que acompaña pacientes con esta enfermedad, dice: “cualquiera pudo haber estado expuesto a sangre contaminada durante cirugías, transfusiones realizadas hace muchos años, procedimientos odontológicos, tatuajes, piercings u otros procedimientos invasivos realizados sin las condiciones adecuadas de bioseguridad”.

Silva prosigue: “Por supuesto que si uno tiene factores de riesgo es absolutamente indispensable que te chequees, pero las normas globales dicen que para hepatitis B y hepatitis C al menos una vez en la vida tenés que chequear aunque no tengas factores de riesgo”, subraya.

Ahora bien. ¿cuáles son esos factores? “En cuanto a la hepatitis C, tienen que ver con el uso inseguro de procedimientos médicos. Hay trabajos de toda índole donde el factor de riesgo más conocido para la hepatitis C eran las transfusiones de sangre, los procedimientos médicos inseguros, los tatuajes, el uso de drogas endovenosas. En una menor incidencia en la transmisión sexual, sobre todo de hombre a hombre”, describe.

Hay vacuna para la hepatitis A y B. Foto ilustración Adobe Stock.

En cuanto a hepatitis B, se vincula tanto a la transmisión sexual como al uso de drogas. .

“Esto de alguna manera es lo que ha jugado en contra, porque genera esta sensación de que si yo me voy a chequear es porque hay un factor de riesgo que me margina o me estigmatiza. Por eso, más que enfatizar los factores de riesgo, es importante que transmitamos que todos en algún momento nos tenemos que chequear”, propone.

—¿Incluso las personas que se vacunaron?

—Las personas que se vacunaron para hepatitis B no tienen necesidad de hacerlo. Tienen una eficacia del 95%.

—¿Suele solicitarlo en el chequeo anual de rutina el médico clínico?

—No, justamente por eso hablamos de educación no solo a la población general sino a la población médica. Hay determinados escenarios donde hay que pedirlo más frecuentemente, como los pacientes inmunosuprimidos en diálisis, o quienes van a iniciar tratamientos oncológicos que si llegaran a tener una infección oculta o silenciosa del virus hepatitis C o B con la inmunosupresión o la quimioterapia se pueden poner más agresivasaquellas enfermedades que estaban durmientes.

—¿Cómo saber si el médico clínico lo incluyó en los análisis, cómo se detecta en los análisis de sangre ese valor?

—Generalmente al médico clínico le llama la atención la alteración del hepatograma. Pero muchas veces, el hepatograma puede estar normal porque hay cierto equilibrio biológico entre la presencia del virus y la respuesta inmune del paciente que hace que el alerta no salte y que por eso se tenga que pedir la serología de manera ciega, aunque no tengas ningún patrón de riesgo ni ninguna alteración del hepatograma.

—La hepatitis C tiene tratamiento, ¿cómo es?

—La hepatitis B va a la cronicidad en un adulto en una baja proporción, generalmente es un 10%, no más que eso. La hepatitis C es al revés, un 80-90% van a la cronicidad. Y una vez que evoluciona a la cronicidad, tenés riesgo de cirrosis y el riesgo de cáncer.

Por eso el objetivo es detectar y tratar antes de que lleguen a la cirrosis, que se puede tratar con éxito, pero tenés menos éxito. Pero si se trata antes de que llegue la cirrosis, ya al paciente con hepatitis C lo curás. No requiere más controles.

El paciente de hepatitis B no se cura del todo, no erradicás completamente el virus, pero se puede detener la evolución de la enfermedad.

La hepatitis B puede requerir tratamiento de por vida o tratamientos muy prolongados, en cambio la hepatitis C cura en dos o tres meses y se acabó. Entonces es una enorme pérdida de tiempo. Y estos pacientes están dando vueltas, aunque muchos están diagnosticados y perdieron el hilo.

Venimos trabajando en desarrollos tecnológicos importantes desde hace muchísimos años. La industria farmacéutica ha hecho avances fenomenales. Y si estos avances no llegan a la gente, no hay motivos para alegrarse. Si tardamos 15-20 años en implementarlo en la población que verdaderamente lo necesita y solo nos ocupamos de lo hiperurgente, estamos desperdiciando momentos que cuestan muchas vidas.

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