Haití: Señales de esperanza pese a la violencia y la incertidumbre política

Para millones de haitianos, la vida cotidiana se ha convertido en una lucha por mantenerse a salvo, conseguir suficiente comida y simplemente poder desplazarse por su propio vecindario.
Poderosas pandillas armadas controlan amplias zonas de la capital, Puerto Príncipe, y continúan expandiéndose hacia otras partes del país. Las familias huyen de sus hogares en cifras récord, las escuelas y los centros de salud han cerrado, y las organizaciones humanitarias tienen dificultades para responder a unas necesidades cada vez mayores mientras la financiación disminuye a niveles preocupantes.
Sin embargo, en medio de la crisis también hay señales de progreso. Las autoridades haitianas avanzan con planes largamente aplazados para restablecer un gobierno democrático mediante elecciones; las fuerzas de seguridad han comenzado a expulsar a las pandillas de algunas zonas estratégicas, y está llegando nuevo apoyo internacional para ayudar a hacer frente a la violencia.
La financiación escasea para atender a los millones de necesitados
La crisis humanitaria continúa agravándose a medida que la violencia, el desplazamiento y las dificultades económicas se refuerzan mutuamente. Más de la mitad de la población del país, de alrededor de 11 millones de personas, necesita actualmente asistencia humanitaria.
La crisis humanitaria continúa agravándose a medida que la violencia, el desplazamiento y las dificultades económicas se refuerzan mutuamente. Más de la mitad de la población, unos 6,4 millones de personas, necesita asistencia humanitaria, 1,47 millones han tenido que abandonar sus hogares debido a la violencia y se prevé que más de 5,8 millones padezcan hambre este año.
- Pese a todas esas necesidades, el llamamiento humanitario para 2026 presenta un grave déficit de financiación. A mediados de junio solo se había recibido el 25% de los 880 millones de dólares solicitados, lo que limita las operaciones destinadas a salvar vidas.
¿Podrá Haití celebrar finalmente elecciones?
Haití no tiene un presidente elegido democráticamente desde el asesinato del presidente Jovenel Moïse, en julio de 2021, debido a la prolongada inestabilidad y a la inseguridad.
Restablecer un gobierno democrático sigue siendo uno de los mayores desafíos del país, pero no será posible celebrar unas elecciones creíbles mientras la seguridad no mejore de forma significativa.
Las pandillas armadas continúan controlando numerosos barrios y las principales carreteras, lo que dificulta el registro de votantes, el traslado del material electoral y las garantías de seguridad para la población.
Aun así, los preparativos se han acelerado en los últimos meses y, tras la aprobación de un presupuesto electoral de 120 millones de dólares, se espera que la primera vuelta pueda celebrarse antes de que termine 2026, lo que permitiría que un presidente elegido democráticamente asumiera el cargo en febrero de 2027.
En un centro de salud de Puerto Príncipe, Haití, se realizan pruebas de desnutrición a niños.
La violencia de las pandillas domina la vida cotidiana
La violencia ejercida por pandillas fuertemente armadas, concentradas principalmente en Puerto Príncipe, continúa siendo el principal obstáculo para la recuperación de Haití.
La disputa entre grupos criminales rivales por el control del territorio y las extorsiones ha alimentado enfrentamientos cada vez más brutales.
Las consecuencias para la población son devastadoras.
En uno de los episodios de violencia más graves, ocurrido a comienzos de este año en los alrededores del barrio de Cité Soleil, en Puerto Príncipe, al menos 542 personas murieron y 355 resultaron heridas.
Durante esos enfrentamientos, al menos 176 mujeres y niñas fueron violadas.
Los niños también se ven cada vez más atrapados por la crisis. Muchos se han visto obligados a abandonar sus hogares, mientras que otros están siendo reclutados por las pandillas o expuestos a niveles extremos de violencia.
¿Están dando resultados las operaciones contra las pandillas?
Por primera vez en muchos meses, las fuerzas de seguridad haitianas han comenzado a registrar algunos éxitos concretos, aunque limitados, frente a las pandillas armadas.
Unidades policiales especializadas han expulsado a grupos criminales de varios puntos estratégicos de Puerto Príncipe, reabriendo algunas de las principales carreteras y permitiendo que instituciones gubernamentales regresen a algunas zonas del centro de la ciudad.
Un avance importante ha sido la puesta en marcha de la Fuerza de Supresión de Pandillas, una operación internacional de seguridad respaldada por las Naciones Unidas, creada para ayudar a Haití a recuperar el control de las zonas dominadas por grupos criminales.
La fuerza comenzó a patrullar Puerto Príncipe en junio. En una de sus operaciones, los agentes detuvieron a 14 sospechosos e incautaron cientos de cócteles molotov.
Al mismo tiempo, dos unidades judiciales especializadas han comenzado a funcionar para investigar crímenes masivos, violencia sexual y delitos financieros de gran magnitud.
Pese a estas operaciones recientes, las pandillas siguen teniendo capacidad para lanzar ataques mortales, extorsionar a las comunidades y alterar la vida cotidiana.
Graves violaciones de los derechos humanos
Las graves violaciones de los derechos humanos continúan en todo Haití y no solo de las pandillas. Grupos de justicieros han matado a decenas de presuntos colaboradores de las pandillas y también existen denuncias de ejecuciones sumarias atribuidas a miembros de las fuerzas de seguridad.
El camino a seguir para Haití
La crisis política, de seguridad y humanitaria que atraviesa Haití están estrechamente relacionadas. Será difícil celebrar elecciones sin una mejora de la seguridad, y los avances en materia de seguridad serán difíciles de sostener sin instituciones de gobierno más sólidas. Nada de ello será posible si millones de personas siguen enfrentándose al hambre, el desplazamiento y la violencia.



