Una mujer podría perder la visión por una rara infección ocular: “Se va comiendo el ojo, la córnea y todos los nervios”

Emma Marsden, una mujer de 47 años de Lancashire, Inglaterra, quedó con el párpado cosido y tuvo que abandonar su trabajo luego de contrar una rara infección parasitaria en el ojo derecho. El origen del drama fue cotidiano: lavarse la cara sin antes quitarse los lentes de contacto.

De acuerdo con el medio The Mirror, todo comenzó el 28 de febrero cuando Emma tropezó y cayó de cabeza dentro de una carretilla llena de barro y agua mientras limpiaba el establo de sus caballos.

Tras el accidente, se limpió el barro de la cara y las manos, pero olvidó removerse los lentes de contacto. Recién esa misma noche se los quitó.

Después de cuatro días, su ojo derecho comenzó a arder. Emma consultó a su médico de cabecera, a quien le explicó que sentía un dolor “insoportable”. En ese mismo instante fue derivada al hospital.

Las primeras pruebas no fueron concluyentes. Los médicos le diagnosticaron una úlcera y la enviaron de nuevo a su casa con unas gotas oftálmicas como tratamiento.

Sin embargo, el dolor se intensificó en los días siguientes y Emma perdió por completo la visión en ese ojo. El 7 de marzo, tras una nueva consulta con un especialista, le diagnosticaron queratitis por acanthamoeba, una infección ocular poco frecuente causada por un parásito que penetra en la córnea. También le encontraron queratitis por fusarium —una grave infección fúngica de la córnea— y úlceras corneales.

Los médicos le explicaron que el parásito responsable de la queratitis por acanthamoeba se encuentra con frecuencia en el agua corriente de la canilla, y que la infección se produjo al lavarse la cara sin haberse retirado previamente los lentes de contacto.

“Se va comiendo el ojo, la córnea y todos los nervios. La velocidad a la que comía dejaba atónitos a los médicos”, relató Emma. Como consecuencia de la perforación de la córnea, los cirujanos tuvieron que coserle los párpados del ojo derecho para favorecer la recuperación. Le recetaron gotas que debía aplicar cada hora.

“Mi ojo estaba increíblemente dolorido y rojo. Cuando me desperté a la mañana siguiente, cada vez que la luz tocaba mi ojo el dolor era tan severo que no podía abrirlo”, recordó.

El impacto sobre su vida cotidiana fue inmediato y profundo. Emma debió permanecer tres semanas y media en la oscuridad, sin poder valerse por sí misma. “Es un dolor insoportable y todo se detiene, tu vida se detiene. Tuve tres hijos y dar a luz es un sueño comparado con este dolor”, sostuvo.

Le informaron que podría perder la visión del ojo derecho de forma permanente y que en el futuro necesitará un trasplante de córnea. “Es muy duro pensar que quizás nunca vuelva a ver con ese ojo”, expresó.

“No tenés otra opción más que seguir adelante, no podés quedarte sentada lamentándote. Es una situación difícil, pero sigo acá. Puedo caminar, puedo ver con un ojo y puedo escuchar. Con el tiempo va a mejorar”, afirmó.

Actualmente recibe controles semanales en el hospital y aplica seis dosis de gotas cada dos horas. Desde su experiencia, Emma instó a quienes usan lentes de contacto a extremar los cuidados. “No pensás en las consecuencias de no sacarte los lentes de contacto en la ducha, para nadar o para lavarte la cara, como fue mi caso”, advirtió.

Para concientizar a otros, Emma creó una cuenta en TikTok, red social donde cuenta su experiencia y comparte el avance de su ojo derecho. Además, inició una campaña de recaudación en el sitio Go Fund Me para pedir donaciones y así poder costear su tratamiento.

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